Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 6 Marzo, 2017

¿Cuál es el miedo, el pánico de confrontar la realidad de esta sociedad, que ejerce el control, sobre y contra las mujeres, por parte de la institucionalidad y los poderes fácticos?

¡No te mueras, no te mueras, por favor!

La noticia no pudo impactarnos más, por unos breves segundos nuestro cerebro se quedó sin oxígeno, y dio paso a la rabia impotente… una pequeña niña violada por quien debía cuidarla, además embarazada producto de esa aterradora violencia…
“¡Quiero morirme!”… es el desgarrador lamento de una niña que no sabe qué ocurrió ni por qué a ella…
¿Cómo se escribe sobre este hecho sin dejar tirada el alma sobre la desolación?...
Sometida al abuso reiterado por quien se supone la debe defender, proteger, guiar, orientar, por quien debe convertirse en referente para su vida futura… ¿Cuál vida le espera?... ¿Qué clase de vida tendrá la niña que cargará por nueve meses, en su no preparado cuerpo, y menos su espíritu, el resultado del más perverso acto que se pueda cometer contra una niña, contra un ser humano, contra una persona?...
Los micrófonos corrieron a buscar sacerdotes para tener la reacción frente a la posibilidad de un aborto terapéutico… ¿Por qué no a una o un médico?... ¿Por qué no a una o un abogado?... ¿Por qué no a una o un psicólogo?... ¿Esos micrófonos, sedientos de escuchar la voz de los sacerdotes, al menos en esta ocasión, preguntaron por la interpretación que daban ellos, al Evangelio de Marcos 9:42 “…y cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor les fuera si le hubiesen atado al cuello, una piedra de molino de las que mueve un asno, y lo hubiesen echado al mar…”? …
Ahora que los “debates” electorales se han convertido en un instrumento para ganar audiencias, levantar el ego de los preguntadores, y comprobar quién se aprendió de memoria las respuestas… ¿por qué no provocar debates, sobre la condición física, biológica, psicológica de una niña para llevar un embarazo, un embarazo producto de violaciones reiteradas?… Les aseguro que también les generará mucho “rating”, muchas audiencias, buen posicionamiento para que las santas agencias de publicidad, utilicen esos datos para “conseguirles clientes”…
¿Por qué no hay espacio para el debate sobre el abuso contra una niña?... ¿Qué es más “poderoso” que el dinero, que la audiencia, que estar en “primer lugar”, aun cuando sea en la brevedad del tiempo de un noticiario?... ¿”Qué es” lo que hay que “preservar”, por encima, “hasta” del dinero?...
¿Cuál es el miedo, el pánico de confrontar la realidad de esta sociedad, que ejerce el control, sobre y contra las mujeres, por parte de la institucionalidad y los poderes fácticos?...
El caso de esta niña, no es el único este año, ni es el único del último quinquenio, ni de los últimos 25 años, ni en todo el siglo XX…. ¿Por qué no nos atrevemos a confrontar de una buena vez, esa relación de poder absoluto, sobre el cuerpo de nosotras las mujeres y poner en evidencia la reiterada historia de violaciones y vejaciones?... ¿Por qué guardamos silencio y preferimos los eternos minutos dedicados a la farándula o a los choques de vehículos con el tren, o a hablar de “la platina”, en vez de abordar este horroroso crimen contra una niña, obligada a vivir “las formas” de una sociedad que la condena, siendo ella víctima inocente de un sistema, cuyas reglas siempre la dejaran en indefensión?...
Mientras mi mente divaga entre el enojo, el dolor… la imaginación que intenta llegar al sufrimiento de esa pequeña, me descubro nuevamente rota, sin posibilidades de hacer algo más, que escribir del llanto involuntario, que provocan tantas vidas destruidas; tantos sueños violados, tantas ilusiones sin esperanza, tantos siglos de ignominia… sin que hasta ahora nos conmuevan, al punto en que podamos poner a nuestras almas, las de todos y todas, a marchar en favor de la vida, la vida de una niña, que no sé si la tendrá mañana, la vida de centenares de niñas, de millones de mujeres que sufren esta violencia exclusiva de la cultura androcéntrica…
…No apaguemos nuestras voces, continuemos resistiendo. La esperanza es infinita y un día no muy lejano conquistaremos el derecho sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras vidas, que es la vida de la humanidad, del Universo mismo… el suave aroma de la equidad ya se destila en millones de alambiques por todo el planeta.,, ¡No te mueras, niña!… ¡No te mueras!... ¡Llegaremos!