“Lo mejor para la humanidad”
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“Quiero que la gente entienda que hay otro mundo aparte del de la violencia, cargado de problemas. Sé que hay otro mundo espiritual con seres benevolentes. A esto algunos le llaman fantasía pero yo sé que es real. Y creo que eso es lo mejor para la humanidad. Paz, color, armonía”.

Así explica Rubén Vargas su mundo. El que ve no solo en sueños, a todo color, sino incluso despierto. “Cuando era niño veía duendes físicamente, estando despierto, y después ya mayor los seguía viendo”, dice este artista quien se expresa por medio de la pintura.

En la actualidad Vargas ve todo en hermosos sueños: paisajes, gente, animales. Un mundo lleno de colores, que esparcen felicidad a su alrededor.

Eso es lo que transmite este pintor en sus obras, que reflejan sus visiones, sus esperanzas, los colores que dan especial energía a su propia vida.

Quien quiera vibrar en su misma onda y dejarse llevar por la experiencia de percibir un mundo mejor, no tiene más que acercarse a las instalaciones del INA en la Uruca, donde sus cuadros se exponen durante todo este mes de marzo.

Inicia así este año, la extraordinaria labor que esa institución lleva a cabo desde hace 20, de acercar a  sus estudiantes al mundo del arte. A despertar a nuevas sensibilidades no solo a esos estudiantes sino al resto del personal que ahí labora y al público en general. La muestra puede verse de lunes a viernes en horario de 8 am. a 4 pm.

Pero, ¿cómo fue que comenzó en Rubén Vargas esta pasión que hoy le permite incluso vivir del fruto de sus creaciones?

Todo comenzó cuando muy niño pintaba con carbones en las paredes de la casa en que nació, en el seno de una familia muy pobre. “Y eso me significaba enormes regañadas” recuerda el artista.

Después, descubrió que cerca de donde vivía había una Casa de Cultura, en Ipís de Guadalupe. “Ahí empecé a hacer los primeros manchones en papel”, cuenta.

Y aunque al inicio fue haciendo paisajes como tantos otros pintores, pronto comprendió que lo que él quería hacer era pintar lo que le dictara el fruto de su imaginación.

Luego el artista estudió las técnicas como herramientas para pintar y en especial algo que le interesaba mucho: el manejo del color.

Vargas asegura que para el pintor es bueno aprender las técnicas “pero que eso no le opaque la inspiración, la intuición”.

Y él las ha conservado, para luego volcarlas en cuadros mostrados en exposiciones colectiva y también  en muestras individuales como las que presentó en los bancos de Costa Rica y Nacional.

“Hubo épocas en que pinté poco, porque tenía que laborar en otras cosas para obtener el dinero para vivir, pero mi trabajo siempre ha estado relacionado con el dibujo, la pintura, las artes plásticas”, explica.

Ahora vive de sus obras que realiza en su propia casa en donde reina una especie de taller de la fantasía y la imaginación que primero llena sus sueños y luego sus cuadros.

“Mientras existan personas sensibles que no se olviden de contarnos que esos hermosos y felices mundos existen, y nos los muestren ya sea en textos o en imágenes, seremos capaces de percibirlos y vivirlos. Creo que tengo esa responsabilidad, me siento comprometido con eso”, concluye Rubén Vargas.

Y mientras existan entidades como el INA, que procuran acercar a sus estudiantes a esos mundos, no morirá la esperanza sino que cobrará fuerza cada día más el maravilloso mundo de los sueños.

 

Carmen Juncos y Ricardo Sossa

Editores jefes y Directores de proyectos

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Fotos: Esteban Monge/La República  y Shutterstock
 

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