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Miércoles, 21 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


​Huracán Otto, previsión y solidaridad

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 28 noviembre, 2016


No sufrimos males aún mayores gracias a las tareas previsoras de la Comisión Nacional de Emergencias, la policía, el Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja y otras entidades

Huracán Otto, previsión y solidaridad

Todos estábamos angustiados por la llegada del huracán Otto. Con su paso, hoy Costa Rica llora. La felicidad que en mucho alcanzamos siendo solidarios, hoy es tristeza que nos convoca a una solidaridad aún mayor.
La fuerza destructiva de este huracán principalmente en Upala y Bagaces fue terrible. El dolor, la frustración y la angustia en las caras de las personas afectadas no pueden ser descritas con palabras. Son sentimientos demasiado profundos que solo las imágenes pueden captar.
El amor del resto de los costarricenses para los hermanos que viven esta tragedia es un bálsamo que alivia su pena. Debemos ser generosos material y espiritualmente en dar confort a nuestros compatriotas.
Nada se compara, por supuesto, con el tormento de perder parientes y amigos en estas circunstancias. Para estas familias solo la fe en Dios y la esperanza en Su amor en medio de la dureza de la naturaleza, pueden aliviarles el sufrimiento.
También sufren, claro, quienes han perdido sus casas, vehículos y los bienes muebles acumulados durante toda una vida de trabajos y ahorros, y que en muchos casos aún los deben. Enfrentan un presente de privaciones y la incertidumbre y congoja de un futuro amenazador.
Las familias que han tenido que abandonar sus casas y habitar precariamente en refugios o con parientes y amigos, así como las comunidades que han perdido sus vías de acceso, tuberías o tendidos eléctricos, pasan dificultades que hacen muy dura su vida cotidiana y las empobrece.
Las tareas de reconstrucción, limpieza y recuperación que tienen por delante nuestros hermanos son inmensas.
El gobierno, todos los ciudadanos, deberemos financiar la reconstrucción de lo público y lo privado de las familias con menores recursos.
Todo esto demandará una solidaridad nacional que en el pasado hemos sabido demostrar, y que estoy seguro brillará con nuevos fulgores.
También debemos expresar nuestra gratitud y sentirnos orgullosos, por las actividades de todas las personas funcionarias y voluntarias, que de manera profesional y dedicada, con sacrificio y capacidad, ayudaron a nuestros compatriotas en las zonas más afectadas.
Aunque a algunos nos cuesta creerlo, este es el primer huracán que penetra en nuestra geografía, después de que nos visitó en el siglo XIX una tormenta tropical. Y quiera Dios que no nos visite ningún otro. A pesar de la falta de experiencia, no sufrimos males aún mayores gracias a las tareas previsoras de la Comisión Nacional de Emergencias, la policía, el Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja y otras entidades que desde hace muchos años vienen elaborando y revisando sus planes para atender emergencias de la naturaleza. Es ejemplar la vocación de servicio que los costarricenses demuestran cuando se presentan circunstancias difíciles. Esta es una nueva ocasión en la cual esa característica resalta.
En la tragedia la previsión es una lección que debemos aprender. Desde la Independencia, en muchas circunstancias, la actitud previsora ha caracterizado a nuestra nación. Ojalá estos buenos resultados nos incentiven a ser también previsores ante serios problemas que podrían dañar nuestro bienestar si no los atendemos desde ahora, y a unirnos para anticiparlos y desde ya resolverlos
Ahora la eficiencia de los entes públicos y la solidaridad de todos deben relucir cooperando para la reconstrucción de los haberes perdidos por las personas damnificadas.
Unámonos para pedir a Dios dé fortaleza a las víctimas y para ayudarlas ante la tragedia creada por el huracán Otto. Y saquemos enseñanzas de esta triste ocasión.