Laura Bonilla

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Lunes 28 Noviembre, 2016

Con el gane del trumpismo, resulta que ahora las ideologías proteccionistas y de recuperación de mano de obra cara, todo por un sentimiento de nacionalismo extremo, se han vuelto a resucitar

El Fin de la Historia

Laura Bonilla, presidenta de la Cámara de Exportadores de Costa Rica

Con el fin de la guerra fría y la caída del muro de Berlín, el autor reconocido Francis Fukuyama, publicó un libro en 1992, titulado “El Fin de la Historia”, donde sostenía que a nivel global se había aceptado que la mejor forma de organización económica y social era la del libre mercado, apertura y promoción del comercio exterior.
Desde los tiempos de David Ricardo, economista clásico del siglo XIX, se ha demostrado que un país puede sobrepasar su frontera máxima de posibilidades de producción, abriendo sus mercados y promoviendo el intercambio de bienes y servicios, especializándose en aquellos donde es más eficiente y competitivo e importando el resto.


Está demostrado que con ello, la curva de satisfacción o bienestar de los consumidores se puede llevar más allá de los límites internos de producción.
Para sorpresa de todos, de repente con el gane del trumpismo, resulta que ahora las ideologías proteccionistas y de recuperación de mano de obra cara, todo por un sentimiento de nacionalismo extremo, se han vuelto a resucitar y existe mucha preocupación por lo que esto pueda significar en términos de cambios de políticas o términos de los Acuerdos de Libre Comercio.
Se tiende a atribuirle al esquema de apertura y comercio exterior, los fenómenos de desigualdad y exclusión de clases marginadas, pero esto no es más que una forma populista de confundir al ciudadano masivo y de asignarle responsabilidades que realmente obedecen a errores de gestiones públicas mal concebidas.
Desde nuestra Cámara estamos clarísimos que si Costa Rica hubiese seguido con su modelo monoexportador o de sustitución de importaciones, jamás hubiese alcanzado los niveles de crecimiento, generación de empleo, incrementos en los salarios reales y mejor bienestar en general.
Nuestro sistema productivo se ha visto diversificado con el surgimiento de productos no tradicionales, competitivos a nivel global además de la atracción de Inversión Extranjera Directa por casi $3 mil millones anuales que ha sido un sostén para la estabilidad económica del país.
Nos parece que aún es muy temprano para poder opinar y saber con certeza si nuestro país y el mundo en general se verán afectados con el cambio de rumbo que aparentemente quiere implementar Donald Trump en materia de comercio internacional y por eso, nuestras autoridades deben estar atentas de las señales que se empiecen a presentar para poder tomar las previsiones del caso.
Mientras tanto, como decían nuestros abuelos, más vale DIVERSIFICAR, no poner los huevos en una sola canasta e incluso ir más allá, asegurarse que no solo sea en huevos. Por lo que la apertura de nuevos mercados de exportación, atracción de turismo e inversión extranjera, se vuelve ahora una prioridad para reducir nuestra dependencia de decisiones hepáticas o no racionales.