Alejandra Esquivel

Alejandra Esquivel

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Jueves 10 Noviembre, 2016

Si bien es cierto los logros de antaño son la base de lo que tenemos hoy, no podemos vivir en un pasado que ya no existe

¿Cambios efectivos o sueños del pasado?
 

Entre planes de telefonía con velocidades de Internet y coberturas deprimentes, con una Superintendencia que a pesar de su poder para regular este mercado, a veces se muestra sumisa a defender los intereses de los costarricenses. Condonaciones de deudas a agentes privados que se acogen con fondos públicos. Adjudicaciones desproporcionales en instituciones que deberían defender la estabilidad de las finanzas públicas del país, lejos de derrochar el dinero solo por alcanzar un resultado y decir que lograron su meta…¿A costa de qué? Los marchamos más altos de la región en función de valores fiscales absurdos en vehículos de ciudadanos promedio que solo buscan mejorar su calidad de vida y terminan cada año asignando un monto significativo de sus aguinaldos al pago de marchamos. Políticos de siempre haciendo fiesta con los recursos del pueblo y empujando sus propios intereses gracias a la información privilegiada que manejan.

¿Cuántas veces hemos sido testigos de este tipo de “titulares”? Probablemente la mayoría de escenarios los hemos encarado numerosas veces en nuestra vida y seguimos ingenuamente esperanzados en que los próximos políticos en el poder marcarán un antes y un después en la historia del país.

En efecto Costa Rica necesita dejar de vanagloriarse de logros pasados. Tenemos una historia país “lejana” intensa y muy interesante, pero el agravante que enfrenta el país es el no tener los mismos calificativos en nuestra historia “reciente”. Si bien es cierto los logros de antaño son la base de lo que tenemos hoy, no podemos vivir en un pasado que ya no existe. Los retos actuales requieren cambios estructurales de fondo que no estamos viendo. La deuda de los políticos de las últimas dos décadas es tal, que ni siquiera estamos viendo cambios en temas simplistas como los que mencionaba al inicio de este escrito, lo que da lugar a la pregunta: ¿Si no somos capaces de cambiar lo “simple”, seremos capaces de cargar la balanza hacia la materialización de cambios realmente importantes que requiere el país?

Basada en hechos y resultados recientes, así como en los nombres que hasta el momento suenan a nivel político para dar continuidad o marcar punto de quiebre en nuestra historia país, me temo que no logro ser tan positiva como quisiera.