Luis Alejandro Álvarez

Luis Alejandro Álvarez

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Miércoles 18 Abril, 2018

Ἴκαρος

La normativa que regula los partidos políticos son los estatutos. Rigen a lo interno todas las relaciones interpartidarias, al igual que se establecen los requisitos para ser militante, o incluso los requisitos para poder ser postulado a puestos de elección popular, como fidedignos representantes de estas organizaciones.

Recientemente fuimos testigos cómo en el caso de Johnny Araya, excandidato de Liberación Nacional, este acudió a las respectivas instancias para traerse abajo la expulsión de su partido.



Otra situación similar se dio en las filas de la Unidad Social Cristiana, cuando el expresidente de Incofer, don Miguel Carabaguíaz, quien luego de abandonar el grupo que rodea al expresidente Calderón, regresó a su partido de origen, pero no con la antelación suficiente como para que pudiera acumular los dos años de militancia que establecen los estatutos para poder aspirar a una candidatura.

Hoy en la Unidad, está gestionándose una reforma a los estatutos para que los partidarios puedan aceptar nombramientos en una administración ajena a su partido, sin que se afecte la militancia.

Reforma con nombre y apellido, pues haría posible el nombramiento a cargos de alta jerarquía al excandidato Rodolfo Piza y algunos otros pocos socialcristianos.

Los estatutos están para respetarse.

Garantizan la lealtad a los principios y valores del partido, y la ideología que este representa.

No deben ser modificados por situaciones meramente coyunturales.

Hoy muchos se preguntarán sobre la viabilidad y qué tan sostenible sea la participación de socialcristianos en la nueva administración PAC.

En relación con temas de principios e ideología, hay muchos temas que tienen posiciones disímiles.

¿Cómo hacer comulgar a los “neoliberales” del PUSC con los “socialdemócratas” del PAC y los socialistas del Frente Amplio?

El tema fiscal y el manejo de las finanzas públicas, en lo que hemos visto estos cuatro años, se contraponen a los principios de gasto responsable y mesurado que han caracterizado a los gobiernos socialcristianos.

El mismo fundador del PAC reconoce que la responsabilidad fiscal de los rojiazules ha sido un patrón histórico.

No existe mecanismo alguno que garantice cumplimiento de los acuerdos firmados al calor de la campaña.

¿Debe la Unidad jugarse el chance de que se le peguen las pulgas si las cosas no salen bien? ¿O de que se adjudique el PAC logros de los funcionarios de extracción socialcristiana en la administración venidera?

El mandato popular fue claro, a la Unidad Social Cristiana le corresponde ser oposición, y con una fracción legislativa, hoy mayor que hace cuatro años, le corresponderá colaborar con la administración Alvarado Quesada, en los temas que sean de urgencia y que considere viables.

Es ahí, en el Congreso, donde corresponde hacer las alianzas.

No puede el PUSC renunciar a ser un partido de oposición, tal y como lo ordenó el pueblo al ejercer el sufragio.

Tener altos personeros, incluso su excandidato, como parte de la nueva administración complicará las cosas para sus diputados, pues eventualmente les pondría en situaciones incómodas o embarazosas si tuvieran que votar negativamente proyectos de la administración.

La Unidad Social Cristiana tuvo mejores resultados en las elecciones pasadas, que hace cuatro años, mas no lo suficientes como para dar el paso adelante de entrar al balotaje.

Una participación activa de líderes en una administración no socialcristiana puede arruinar el tímido avance alcanzado.

Querer llegar a Zapote indirectamente con nombramientos en ministerios, o algunos otros puestos de confianza, puede convertirse en un ancla.

No puedo evitar pensar en una figura en particular de la mitología griega: Ícaro - Ἴκαρος - quien quiso volar tan alto que al acercarse al sol se desplomó en el mar por haberse derretido la cera con que estaban hechas sus alas.