Ciberseguridad en tiempos de inteligencia artificial: ¿Cómo pueden protegerse las empresas?
Voces clonadas, videos falsos y mensajes personalizados con esta tecnología elevan la credibilidad de los engaños
Las empresas necesitan reforzar sus controles de ciberseguridad ante ataques más sofisticados que utilizan inteligencia artificial (IA) para suplantar identidades, engañar a colaboradores y obtener información confidencial.
Esta tecnología permite crear engaños cada vez más convincentes, lo que hace más difícil distinguir una comunicación legítima de un intento de fraude.
“La IA bajó la barrera de entrada al delito. Hoy un atacante puede producir en minutos mensajes impecables, voces clonadas y videos falsos que antes requerían tiempo y recursos”, dijo Felipe Ruíz, vicepresidente de Seguridad de la Información de Liberty Latin America.
La principal dificultad es que los ataques ya no dependen de mensajes mal redactados o señales evidentes para engañar a las víctimas.
Ahora pueden incluir información relacionada con la persona, imitar la forma de comunicarse de alguien conocido y recurrir a la urgencia para provocar una respuesta inmediata.
Entre los principales riesgos potenciados por inteligencia artificial, Ruíz destaca cuatro: la suplantación de identidad mediante voces y videos falsos, los mensajes de phishing personalizados, la exposición de información en aplicaciones de IA no autorizadas y las estafas que presionan a las víctimas para que actúen de inmediato.
“En telecomunicaciones el riesgo se amplifica porque nuestros servicios son el canal por el que llegan muchos de estos intentos”, señaló.
Las redes de telecomunicaciones también pueden contribuir a frenar estos engaños mediante la detección de patrones anómalos y el bloqueo de comunicaciones maliciosas.
A nivel interno, Liberty ha reforzado la capacitación de sus colaboradores para que verifiquen la identidad de quienes solicitan acciones sensibles, como autorizar pagos o validar proveedores.
Otro riesgo surge cuando los empleados utilizan herramientas de IA sin tener claras las reglas para proteger la información.
Al querer agilizar una tarea, podrían compartir datos de clientes, códigos o documentos internos en plataformas públicas, sin considerar que esa información puede quedar fuera del control de la empresa.
Para reducir estas amenazas, Liberty también recurre a la IA en sus procesos de seguridad.
La tecnología permite analizar correos electrónicos, detectar comportamientos inusuales e identificar señales de riesgo con mayor rapidez, además de automatizar las primeras acciones ante un posible incidente.
Esto libera tiempo para que los especialistas investiguen las alertas y decidan cómo contenerlas.
Analizar grandes volúmenes de eventos en tiempo real resulta clave para identificar patrones sospechosos antes de que provoquen daños; sin embargo, la velocidad no sustituye el criterio humano necesario para evaluar cada situación y determinar la respuesta adecuada.
La protección también depende de establecer límites claros sobre el uso de estas herramientas.
Antes de incorporar una aplicación de IA, Liberty evalúa qué información utilizará, dónde se almacenará y cuáles controles la protegen.
La compañía complementa estas revisiones con medidas para clasificar los datos, prevenir fugas de información y mantener visibilidad sobre dónde se almacena la información sensible.
Para las organizaciones que buscan aprovechar herramientas de inteligencia artificial sin abrir nuevas oportunidades a los ciberdelincuentes, Liberty recomienda establecer reglas claras desde el inicio.
Las medidas incluyen definir cuáles aplicaciones están autorizadas, clasificar los datos y determinar cuáles nunca deben compartirse en plataformas públicas, aplicar controles técnicos para prevenir fugas, evaluar a los proveedores de IA antes de contratarlos y capacitar continuamente al personal con ejemplos reales.
La formación debe ir más allá de conocer las políticas internas. Los colaboradores necesitan practicar cómo verificar solicitudes sospechosas y reportar incidentes, incluso cuando el mensaje parece provenir de una persona de confianza.
Para los usuarios, la recomendación es desconfiar de las solicitudes inesperadas de dinero, datos o acciones urgentes, aunque lleguen mediante una llamada o videollamada aparentemente auténtica.
Lo más seguro es interrumpir la comunicación y confirmar la solicitud por un número o canal que ya se conozca.
La urgencia, precisamente, debe convertirse en una señal para detenerse y comprobar la información antes de actuar.
“Si la IA puede imitar lo que vemos y escuchamos, el control más importante es la persona que se detiene, verifica y reporta”, concluyó Ruíz.