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El desastre descubierto en las pensiones de la Caja es tal que debe haber una respuesta de amplia magnitud. Sus consecuencias las sufren hoy los asegurados

Zona de desastre

Generalmente nos sensibilizamos ante el término “desastre” por relacionarlo con fenómenos de la naturaleza que ocasionan grandes daños a la población.
No obstante, el caso de la Gerencia de Pensiones de la Caja Costarricense de Seguro Social es algo que nos remite también a ese término que el diccionario de la Real Academia Española define como: 1- “desgracia grande, suceso infeliz y lamentable; 2- cosa de mala calidad, mal resultado, mala organización, mal aspecto, etcétera”.
“Desastre en Pensiones de la Caja” se tituló una nota de este medio ayer, donde se informa sobre lo revelado por la auditoría interna llevada a cabo en dicha gerencia a solicitud de la junta directiva de la Caja.
Y lejos de ser este título un recurso alarmista, está acorde con lo que ocurre en esa dependencia de la institución.
Un desastre que no se origina en la entidad misma, como sistema de salud y jubilación, sino en la forma en que ha sido manejada durante los últimos años.
¿Qué pasaba mientras tanto en los consejos de Gobierno? ¿Quién dejó de dar cuentas y, por qué, de lo que estaba sucediendo?
De haber cumplido los jerarcas con la obligación de su cargo, cada programa de la institución debería haber sido constantemente vigilado en su funcionamiento y actualizado en lo que hiciera falta, para que continuara brindando los buenos servicios que dio en otra época y que podría estar dando en la actualidad si hubiera sido bien administrada.
El desastre descubierto en las pensiones es tal que debe haber una respuesta de amplia magnitud. Se trata de serios malos manejos cuyas consecuencias sufren hoy los asegurados. Pero en otros regímenes puede estar sucediendo algo semejante.
Solo entre 2008 y 2010 se generaron anomalías que significaron un incremento del 60% en los gastos del Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte.
Desde la compra de equipos tecnológicos innecesarios y una mala administración de inmuebles, hasta una contratación masiva de personal que no generó cambios sustanciales en la funcionalidad de esa instancia, fueron algunas de las anomalías encontradas por la auditoría que se realizó a la Gerencia de Pensiones de la Caja.
No se trata solo de que asuman la responsabilidad quienes ocasionaron el desastre, sino, lo más importante, que se debe retornar la entidad al buen funcionamiento.
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