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Lunes, 18 de octubre de 2021



FORO DE LECTORES


Zona Francas, Inmigrantes y Construcción

Melizandro Quirós melizandro@cenfi.org | Martes 21 septiembre, 2021

Melizandro

Melizandro Quirós

Director

Centro de Estudios del Negocio Financiero e Inmobiliario

Muy satisfactorio han sido los resultados exhibidos en el Índice de Desempeño Greenfiel, que ha ubicado a Costa Rica en el primer puesto como la nación con mejor performance del mundo en la atracción de inversión extranjera directa respecto al tamaño de su economía. En la misma línea de reconocimientos, un reciente informe elaborado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), sitúa a Costa Rica como el octavo país de América Latina que más atrajo inversión extranjera directa durante el año 2020, con un monto cercano a los $1.700 millones.

Más allá de la disminución coyuntural que en las inversiones ha experimentado el país a consecuencia de la pandemia, aproximadamente la pérdida de $920 millones anuales; monto que se podría recuperar parcial y paulatinamente, a medida que la actividad económica mundial alcance un ritmo de crecimiento estable, le queda el reto a nuestro país de aplicar medidas y políticas que permitan seguir creciendo más allá del punto actual.

Una revisión de las condiciones que se necesitan para lograr un mayor crecimiento en este campo requiere no perder de vista dos factores que ha sido históricamente limitantes; y que necesariamente hay que atender prontamente, y de manera sustancial, para esperar mejores resultados. La primera de estas condiciones, de tipo cualitativo, es el deficiente nivel de educación que exhibe nuestra población para satisfacer los requerimientos de las empresas internacionales; siendo destacable en este aspecto las mejoras sustanciales que se requieren en el idioma ingles y el disponer de mayor formación técnica especializada. El segundo factor, de naturaleza cuantitativa, que afecta nuestra capacidad de absorber más inversiones, es el tamaño de la fuerza laboral costarricense, la que actualmente resulta relativamente pequeña frente a la potencial demanda de empleos que podrían generar más transnacionales ubicadas en nuestro país.

Aunque debe reconocerse el esfuerzo hecho por los últimos gobiernos para mejorar las competencias y habilidades de nuestra población, principalmente a través de planes de educación técnica y de idioma impulsados por el INA y otras entidades públicas; el impacto de estos es lamentablemente muy lento; y no llega a satisfacer en la actualidad de manera pronta los requerimientos de empleo que demanda la inversión internacional. Debido a lo anterior, y de modo similar a como lo han hecho países de la Unión Europea, Medio Oriente, Taiwan y Nueva Zelandia, debe prontamente verse la necesidad de establecer una política nacional de atracción de inmigrantes que venga a satisfacer los requerimientos demandados en este campo.




Lo anterior presupone brindar un plan de incentivos para atraer trabajadores extranjeros a Costa Rica para laborar en zonas francas, desde personal de gerencia hasta técnicos, orientados a laborar en sectores o empresas donde existan limitaciones de mano de obra costarricense. La implementación de este tipo de programa contribuiría a fortalecer iniciativas como la de la señora diputada Silvia Hernández, del partido Liberación Nacional, que pretende estimular la operación de zonas francas fuera del Gran Área Metropolitana (GAM). Existiendo una política nacional de empleo foráneo como la sugerida, las empresas técnicas o de un nivel de sofisticación relativamente alto no tendrían excusa para no ubicarse en dichas zonas, toda vez que, de forma casi garantizada, dispondrían de una comunidad de mano de obra extranjera asentada en esos puntos. La disposición y obligación de estos extranjeros para ubicarse en esas zonas vendría dada por la existencia en dicho plan de un goce de beneficios públicos, tales como reducción en el impuesto al salario, trámites rápidos para sus permisos de trabajo; y posibles reducciones en los impuestos a pagar por la compra de vehículos o artículos de hogar.

Una política de atracción de extranjeros como la propuesta provocaría en todo el país, y principalmente en zonas fuera del GAM, estimular un empleo indirecto, esto a través del mayor consumo que estos inmigrantes generarían en las zonas donde residan. Igualmente, sería de muy alto impacto favorable el efecto que estos podrían provocar sobre el sector de la construcción, tanto por el estimulo directo en la construcción de más parques industriales, así como de locales comerciales; y finalmente, provocando un estímulo sobre la vivienda, tanto para fines de alquiler como de venta.

Aunque con muy buenas intenciones, al tratar de enganchar a nuestra población con la demanda de las empresas transnacionales, debemos ser conscientes de que no será posible dar una respuesta total e inmediata a esos requerimientos; siendo las cosas así, Costa Rica debe ver la oportunidad para crear hubs o comunidades de extranjeros que sirvan de base para provocar encadenamientos productivos y de consumo en las zonas en que se establezcan. Un colón en manos de los extranjeros beneficiarios de esta política llegaría a nuestra economía de forma parcial, pero, sobre todo, rápida y multiplicativamente.

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