“Yo quiero morir en el escenario”
A mis 54 años he vivido de mi arte exclusivamente, nunca trabajé en una oficina, indicó María Torres, actriz, directora y productora nacional. Esteban Monge/La República
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María Torres

“Yo quiero morir en el escenario”

A los 18 años dejó su casa por no contar con el apoyo de su familia

“Los sueños están hechos para hacerlos realidad”

Después de 34 años de carrera, su cara es reconocida por varias generaciones como una de las actrices costarricenses con más trayectoria en el país.
Llegó a la Universidad de Costa Rica para estudiar educación preescolar, pero matriculó un curso de teatro como requisito cultural, sin saber que eso la llevaría por un camino completamente diferente, uno que su familia no aprobó.
Pero pese al rechazo, se fue de la casa muy joven y emprendió una carrera que la colocó en obras dramáticas y de comedia, en televisión e incluso la llevó a ser una de las pocas actrices en comprar su propio teatro.

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Siempre estuve en el lugar justo y el momento indicado, dijo María Torres, actriz, directora y productora nacional. Esteban Monge/La República
¿Cómo llegó a su vida la actuación?
Cuando entré a la Universidad de Costa Rica en 1977, empecé a estudiar educación preescolar, pero una amiga me dijo que tomara el taller de teatro porque se hacen amigos para toda la vida, así que lo hice como requisito y de ahí salí directo para Artes Dramáticas, me enamoré.

¿Cómo lo tomó su familia?
Fue terrible, una decisión muy difícil de tomar porque nadie estaba de acuerdo, así que recién cumplidos los 18 les dije, “Prefiero que nos amemos de largo, a que nos odiemos de cerca”, y me fui de la casa.

¿Cómo la cambió esa experiencia?
Me hizo más fuerte, porque tenía que pagar la universidad, mi apartamento, yo me fui a vivir con Laura Molina, una compañera y que ahora es la directora del Centro de Cine, al final fue una época maravillosa.

¿Qué fue lo que más le costó al principio?
Fue creerme que realmente era buena, era una lucha saber que iba a poder hacer lo que me gustaba y el estar sola, lejos de la familia fue muy difícil, el no recibir el apoyo en lo que yo quería hacer.

¿Cómo logró pasar del teatro a la televisión?
Siempre estuve en el lugar justo y en el momento indicado; estaban creando el programa de canal dos “La lucha de Lucho”, de Lucho Barahona y me invitaron a formar parte, así empecé en ese medio.

¿Cómo lidiaba con la fama instantánea?
Con el programa “Caras vemos” en 1993 los ticos tuvieron por primera vez un actor reconocido, así que para Marcia y para mí fue muy difícil, yo salía con mis hijos a comer los domingos y tenía que devolverme porque la gente se sentaba y me decía: “Solo quiero verla comer”, así que los primeros años la pasamos encerradas en la casa.

¿Cuándo logró tener su propio teatro?
Hace 12 años mi socia y yo produjimos nuestra primera obra de teatro, “Divorciadas, evangélicas y vegetarianas”, fue un éxito rotundo, nosotras no queríamos un teatro, preferíamos rentar algún espacio, pero todos estaban ocupados, así que construimos el nuestro.

¿Fue difícil ser empresaria?
Al principio estuvimos cegadas, porque no nos habíamos dado cuenta de que estábamos en números rojos, hasta que montamos la obra “No sería feliz, pero tenía marido”, fue la primera obra de éxito, hasta ahí nos dimos cuenta de las deudas que teníamos, pues sacamos un préstamo.

¿Cómo la ha marcado su trabajo?
Es increíble que después de tantos años las personas se acuerden de “La lucha de Lucho”, que niños reconozcan a Elodia del programa “Caras vemos”, eso no se da generalmente dentro de este ámbito en este país.

¿Qué le gusta aconsejar a los jóvenes?
Que estudien, porque necesitan entrar a la universidad para prepararse, en esta carrera la gente cree que ser actor es pararse a hacer tonto en un escenario y no es así, hay que estudiar como cualquier carrera.

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¿De qué se arrepiente?
De una obra, no puedo decir el nombre, porque me dio mucha vergüenza; estuve muy mal, no me gustaba, pero había que comer, son de las pocas obras que he hecho que nunca me convencieron, pero lo hice por hambre.

¿Cuál es su mayor tristeza?
La muerte de mi mamá a los nueve años, eso me marcó, fue un momento muy duro porque uno nunca lo termina de procesar, pues cada cosa que pasa, digo: Si mi mamá estuviera aquí.

¿Qué la ayudó a lograr su sueño?
Mi fe, tengo mucha fe en mí misma, en mi fortaleza, en lo que me ha hecho fuerte, porque miro atrás y veo todo lo que pasé y que no me senté en una piedra a lamerme las heridas por lo que pasó.

¿Qué opina de quienes no apoyan los sueños de sus hijos?
Les diría a los padres que crean, denles la oportunidad a sus hijos para que demuestren lo que pueden hacer, en mi caso les aseguro que el teatro no es de putas y playos como decía mi papá.

Angie Calvo
[email protected]
@La_Republica

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