Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 31 Mayo, 2010



Ante el sinfín de manifestaciones públicas en contra de la ley, algunos diputados fueron comprendiendo que el asunto era demasiado impopular como para insistir en él

Yo no envidio los goces de Europa

Hace algunos meses concluí mi columna del 15 de febrero con el siguiente párrafo: “Por ahora no hay críticas para los nuevos diputados. Como alumnos que empiezan el curso lectivo en un nuevo colegio, todos deben tener los útiles listos, los cuadernos impecables, los uniformes planchados y un gran deseo de hacer las cosas bien. Al menos eso esperamos”.
Y eso esperaba, sinceramente, porque cada cuatro años acepto la victoria de los ganadores y les deseo la mejor de las suertes. Estoy convencida de que una buena legislatura nos beneficia a todos.
La Asamblea Legislativa lamentablemente ha iniciado sus labores con el pie izquierdo. Fue muy desafortunada la decisión de los diputados oficialistas de dar vía rápida a un proyecto de ley para aumentarse el salario en un 60% cuando la inflación anual rara vez alcanza el 10%. ¡Todos desearíamos que así fueran acrecentados nuestros ingresos mensuales!
Y aunque durante la campaña política jamás se habló del tema, el asunto resultó prioritario para la fracción del Partido Liberación Nacional (PLN) y contó con el apoyo de los diputados del Movimiento Libertario (ML), el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) y el Partido Accesibilidad Sin Exclusión (PASE).
Solo los diputados del Partido Acción Ciudadana y del Frente Amplio manifestaron desde el principio su rechazo a la ley, argumentando que antes de autorrecetarse un aumento deberían revisar los salarios de los trabajadores menos remunerados de la propia Asamblea Legislativa.
Ante el sinfín de manifestaciones públicas en contra de la ley, algunos diputados fueron comprendiendo que el asunto era demasiado impopular como para insistir en él y poco a poco siete de ellos se fueron retirando del grupo que estaba a favor.
La primera fue doña Gloria Bejarano de Calderón que tal vez no necesitaba el aumento. El segundo fue don Luis Fishman, que siendo el menos malo no podía seguir apoyando la ley “más peor”.
Los cuatro siguientes fueron los diputados del PASE que iluminados por el fundador del partido por fin vieron la luz del disgusto nacional. Como dice el refrán: en el país de los ciegos el tuerto es rey.
Finalmente uno de los diputados oficialistas de Heredia, don Víctor Hugo Víquez, se separó de su fracción en este tema y explicó que nunca había estado de acuerdo pero que se sometió a la decisión de la mayoría.
Aunque posterior a la votación (a solicitud de los miembros de su bancada), don Guillermo Zúñiga manifestó su rechazo a la ley por un tema financiero en el cual es experto. Al parecer los cálculos efectuados por doña Viviana Martín para conseguir fondos que sustentaran el aumento, habían sido realizados sin estudios técnicos serios.
Finalmente y asegurando que ella no podía aceptar una ley que la beneficiaría personalmente doña Laura Chinchilla vetó la ley calmando hasta cierto punto las aguas revueltas.
Los diputados oficialistas lo aceptaron tal vez resignados. Sus aliados, en cambio, se pusieron furiosos: los jefes de fracción del PUSC y del ML han dado rabiosas declaraciones manifestando su disgusto.
Mientras tanto en España los diputados y alcaldes españoles acordaron por unanimidad bajar sus salarios en un 10% siguiendo el ejemplo del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con el fin de disminuir el déficit público. Aquí será que no hay déficit.
Consecuentes con el ultimo tema de campaña, nuestros funcionarios deben repetirse una y otra vez: “Yo no envidio los goces de Europa”.

Claudia Barrionuevo
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