David Gutierrez

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Martes 7 Agosto, 2012


¿Y la educación sexual?

En Costa Rica se presenta una situación particularmente contradictoria, ya que la Constitución Política establece la separación Estado-Iglesia, pero también define la religión católica, apostólica y romana como la del Estado. Esta norma convierte a Costa Rica en uno de los muy pocos estados confesionales de Occidente y ha permitido por años la influencia clerical en temas de gobierno.
Desafortunadamente, uno de estos ha sido la educación sexual de los adolescentes.
Hoy, como en otras oportunidades, la iglesia católica es la principal opositora a los programas de educación sexual que el Ministerio de Educación elaboró para los jóvenes costarricenses.
Así, tras la presentación de más de 2 mil recursos de amparo, la Sala Constitucional resolvió que la sexualidad sería materia opcional en los colegios, al considerar que como el tema afecta principios religiosos, se puede afectar la libertad de conciencia.
Ante todo esto debemos estar claros de que los datos oficiales acerca de la vida sexual de nuestros jóvenes son sumamente alarmantes:
Casi 15 mil adolescentes quedan embarazadas al año, la edad promedio de inicio de las relaciones sexuales ronda los 13 años y la ignorancia sobre la sexualidad es común, con las consecuentes enfermedades de transmisión sexual en ambos géneros, además de embarazos no deseados.
El embarazo y maternidad de las jóvenes tienen un gran impacto emocional y socioeconómico en ellas y sus familias. Inicia con la deserción de las aulas, seguido por la dificultad de volver a ellas, y en muchos casos, por la condena a la pobreza.
Ya de por sí la Encuesta Nacional de Hogares de 2011 reflejó que el número de niños y niñas nacidas en pobreza es de un 34%, cifra mucho mayor que el 24% de población pobre del país.
Es decir, los más pobres son los que tienen más hijos, presumiblemente por falta de educación sexual y un ambiente familiar permeado por tabúes y miedos de carácter religioso.
A pesar de estas preocupantes estadísticas y de lo que significan para el futuro del país, por más de 20 años el estado costarricense ha fracasado en su intento de utilizar guías de educación sexual para secundaria sin influencia de criterios religiosos. ¿Y el interés público? ¿Y el impacto social?
El fallo de la Sala Constitucional también resulta preocupante. Con base en el criterio de libertad de conciencia: ¿podrían los padres exceptuar a sus hijos de cursos como ciencias o estudios sociales? Ellos alegarían que tanto la teoría de la evolución o la del “big bang” son antirreligiosas, o que parte de lo que dicen los textos de historia se opone a la posición de la iglesia. Pareciera un absurdo pensar que la educación de un país dependa de la libertad de conciencia.
La educación sexual debe ser obligatoria, integral, práctica y realista, en relación con el medio en que vivimos. Debe ir orientada no solamente a la prevención de embarazos y de enfermedades de transmisión sexual, sino a fortalecer las relaciones interpersonales y a ver la sexualidad como un tema natural en nuestras vidas, lejos de criterios religiosos de ninguna índole.

David Gutiérrez
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