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¿Y dónde guardo los datos?
Disco, nube o “nube privada”: opciones para almacenar y compartir información

Primero fueron las cámaras de fotos, que acumularon megapíxeles. Luego vinieron las videocámaras, cada vez con mayor capacidad de almacenamiento. Se sumaron los ya omnipresentes celulares inteligentes, que aportaron su buena cuota de bits. Resultado: en el transcurso de un par de años ya nadie sabe dónde guardar las imágenes (fotos y vídeos) y otros archivos que va obteniendo.
Pero dada una necesidad, siempre surgirán las distintas ofertas comerciales que prometen una respuesta. En el tema del almacenamiento de datos, a los clásicos discos rígidos se agregó la “nube” (servidores en la Web). Y lo más nuevo: la llamada “nube privada”, un disco rígido propio, al que se puede acceder desde cualquier lugar, vía Internet. Veamos las opciones, de a una.
El disco rígido tradicional tiene la ventaja del control absoluto de los datos (el disco está físicamente en nuestra PC). Pero rápidamente se vuelve limitado en capacidad y, peor aún, no ofrece la posibilidad de compartir la información con otras personas, una tendencia de moda (y casi necesaria) en la actualidad.
La nube surge como una respuesta a esta limitación. Los servicios más conocidos son Dropbox, Google Drive y SkyDrive, a los que se puede acceder desde todo tipo de dispositivos conectados a Internet. Además de almacenar la información, permiten compartirla (y hasta editarla) con otros, a distancia.
Pero tienen algunos contras: los servicios son gratuitos solo hasta cierto límite (entre 5 y 10GB, según el caso). Además, uno deja de ser el dueño absoluto de la información. Si por cualquier circunstancia (poco común) el servicio se cae, no podremos acceder a los datos. Además, están más expuestos a eventuales hackeos (también, muy poco común).
De los creadores de los discos rígidos tradicionales, surge ahora la tercera opción: la llamada “nube privada”. Se trata de discos rígidos especiales que se conectan directamente al router de casa, y en el que se puede almacenar todo tipo de contenido: desde fotos, hasta vídeos o textos.
A los archivos almacenados en estos discos de red (así se los conoce) se puede acceder en casa, desde cualquier dispositivo conectado a la red. Pero también desde cualquier lugar del mundo, a través de Internet, debido a que el disco siempre está enchufado a la Web, a través del router.
Esta tercera opción ofrece unos cuantos pros y también algunos contras. Entre los pros hay que anotar que el material se puede compartir con otras personas (solo hay que dar una contraseña de acceso); los datos quedan siempre bajo nuestro control; y no hay que pagar por almacenamiento adicional (en todo caso si el disco queda “corto” habrá que añadir uno nuevo).
Como contras: primero, la inversión inicial en el disco de red. Segundo: según el modelo y el tipo de conexión, estos discos pueden demorar bastante en subir archivos “pesados”.
Se podrá elegir una u otra opción. Pero quien vive en el mundo digital de hoy, no puede prescindir de alguno de ellos. A menos que quiera terminar aplastado por las toneladas de bits que produce día a día.

Por Ricardo Braginski
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