Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 21 Diciembre, 2009


¿Y ahora quién podrá defendernos?


¡Pasen adelante, señoras y señores! ¡Sean bienvenidos al Gran Circo Nacional! (Música de fanfarria) ¡Administrado personalmente por los hermanos O. y R. A.S.! ¡Vengan y disfruten de las más destacadas figuras farsescas de la política nacional en un espectáculo que nunca deja de sorprender!
Antes que nada una importante aclaración: ustedes, respetabilísimo público presente, habrán escuchado a uno de los administradores de nuestro circo manifestar su deseo de ser ciudadano canadiense. ¡Estas simpáticas declaraciones no han sido más que una broma producto de su chispeante e ingenioso sentido del humor! Claramente si nuestro genial caballero ostentara un pasaporte de Canadá, no administraría el Circo Nacional de Costa Rica sino el mundialmente célebre Cirque du Soleil, y esto no le gustaría en lo más mínimo a don O.A.S. ¿Y saben ustedes por qué? ¡Muy sencillo! Porque no cualquiera logra entrar al elenco de la reputada empresa canadiense de entretenimiento. ¡No señor! El comité de selección es excesivamente exigente y posee parámetros altísimos para la escogencia de sus artistas.
¡En cambio, señoras y señores, en nuestra divertida y siempre innovadora organización, la amistad y las relaciones políticas y/o personales están muy por encima del talento, las virtudes, las habilidades o cualquier capacidad! ¿No les parece fantástico? Debemos sentirnos orgullosos: ha sido tal el esmero puesto por nuestros farsescos personajes públicos que estamos a punto de ganar la fama internacional que en el pasado alcanzaran los célebres circos de Saúl Menem o Alberto Fujimori. ¡Pronto, muy pronto superaremos al de Daniel Ortega!
¡Pido un caluroso aplauso a nuestro inigualable comité de selección! (Aplausos y ovaciones) Ignorando tonterías supremas como la antigua meritocracia, el comité se permite todos los lujos que el uso descarado del poder otorga: por ejemplo ponerle un cero bien redondito y anónimo al más distinguido de los aspirantes y sacarlo del ruedo en cuestión de segundos. O bien afirmar con toda propiedad y sin que se les desacomode el peinado, que van a votar por su compañerita, se presente quien se presente, venga quien venga, caiga quien caiga.
(Redoble de tambores) Aquí, frente al respetable, quiero felicitar a una mujer que antes de que termine el viejo espectáculo ya ha logrado un destacado rol en el próximo estreno: ¡la nueva Ombudswoman!
¡Bienvenida Defensorita! Démosle un fuerte aplauso a quien nos defenderá de los tigres, de los leones, de los osos, de los elefantes y…. ¡No, estimados espectadores, por supuesto que no! ¡Defensorita no podrá defendernos de los administradores del circo porque es una fiel servidora de ellos desde hace más de 20 años!
¡Gracias a nuestro destacado elenco! ¡Gracias por hacernos reír hasta las lágrimas! Admiramos su innata capacidad para caminar por la cuerda floja y para no sentir vergüenza aun en las situaciones más penosas.
¡Pido una ovación para nuestra democracia centenaria que nos permite berrear aunque todo siga igual o vaya peor!
Invitamos al Chapulín Colorado a presentarse en la próxima audición del Gran Circo Nacional para que cuando angustiados gritemos “¿Ahora quién podrá defendernos?”, aparezca el simpático y honesto personaje creado por Chespirito. De lo contrario no nos va a defender nadie. ¡Estamos avisados! (Música final de fanfarria)

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