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Warner atisba el Everest
La próxima semana hará el último intento de llegar a la cima del mundo

Eran las 9 p.m., cinco semanas después volvía a acostarse en una cama; colchón, almohada y cobija eran sus compañeras. Allí, aferrado al teléfono habló de su lucha por llegar al Monte Everest.
Es el alpinista nacional Warner Rojas, quien desde un pueblito llamado Gorbachev, a 5.100 metros sobre el nivel del mar, a una hora del campo base, recarga energías, para seguir con su sueño.
No ha sido fácil, la montaña no quiere ser penetrada, muchos ya claudicaron, pero Rojas y los miembros de su expedición no se dan por vencidos y harán un intento por llegar a los 8.848 metros.
Ya son cinco semanas de subir y bajar, de esperar el momento adecuado, de pasar largas horas metido en una tienda de campaña sin nada qué hacer, como el dice, perdiendo la noción del tiempo, donde da lo mismo que sea domingo a las 11 de la mañana o viernes a medianoche.
“Físicamente estoy bien, me siento bien, con un poco de tos por lo frío y lo seco. No ha sido fácil, hemos ascendido hasta el campo tres, pero allí paramos, ya que la cascada Combú está muy peligrosa, con grandes grietas, muchas avalanchas, ha muerto gente, por lo que hemos tenido que esperar sin poder ascender”, contó el nacional, quien ya sabe lo que es estar a 7.200 metros del campo 3.
Ahora aguardan que el tiempo mejore para que los guías (charpas) se establezcan en el campo 4, para que ellos puedan escalar, lo que debe suceder, a más tardar entre el 17 y 25 de mayo.
“La semana pasada hubo muy malas predicciones porque para llegar al campo 5 es una pared muy peligrosa, se habló de retirarnos, ya varias expediciones lo hicieron, estuvo cerca de cancelarse”, relató, en medio de un frío intenso Warner Rojas, quien no escondió que esos momentos fueron frustrantes, ya que él está en perfectas condiciones para alcanzar la cumbre. “Se abrió una nueva ruta y el clima mejoró, lo que nos da una nueva esperanza de llegar”.
Rojas destaca que, pese a extrañar el verdor de Costa Rica, a su esposa e hijos, añorar un buen gallo pinto, con un buen café chorreado en la casa de su mamá, soporta todo, porque su mayor deseo es “poder poner la bandera a Costa Rica en el punto más alto del mundo”.
Con las comidas no ha tenido problemas, ya que cuentan con un cocinero que les prepara pastas, arroz, papas, y dado que en esa zona del mundo, Nepal, no se come vaca, la carne es de yak, un bovino que parece un buey con mucho pelo. “Es dura esa carne”.
Para mantenerse en contacto con el resto del mundo se hace acompañar de un teléfono celular y una computadora, que logra cargar con un panel solar portátil que pone encima de una piedra y aprovecha los pocos momentos que hace sol.
“Mentalmente esto es muy agotador, desearía estar escalando y bajando la montaña todo el día, la montaña te saca, te quita energía. Todo es blanco o gris, pasamos mucho dentro de la tienda, eso es monótono, te sentís hasta solo. Los tiempos de espera son muy difíciles, es cansado”, contó Warner.
Ahora sigue esperando el momento de volver a subir, para poder estar en la cima los 15 o 20 minutos de gloria.

Cristian Williams
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