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Con Sumo
Vuelo con música en vivo

Carmen Juncos
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Murió Sandro, lamentablemente, la semana pasada. La noticia me recordó la época en que viajar en avión era placentero, con atención esmerada a bordo, sin tener que pasar por un escáner ni temor a un atentado. Se preguntarán por qué.

Volaba hacia Argentina hace muchos años con mi hijo muy pequeño y saliendo de Panamá me pasaron a primera clase porque la otra se llenó demasiado (yo no había comprado primera clase). Apenas despegamos me di cuenta que en el asiento de adelante venía Sandro con un acompañante.

Era un tiempo en que el servicio en esa línea incluía, en clase económica, en un almuerzo elegido de una carta con tres opciones, una botellita de vino chianti (ni parecido a los servicios actuales). Durante la primera hora de vuelo solo vi pasar a la aeromoza para atender al cantante pero todo era silencio y calma. Poco después comenzó a animarse una alegre conversación en el asiento de adelante que se mezclaba ¡para mi sorpresa! con fragmentos de canciones en esa voz y estilo inconfundibles.

Después, ya con varias horas de vuelo con música en vivo, escuché un comentario de que Sandro había tomado supuestamente tres whiskies para calmar el temor que le producía volar y, al mismo tiempo, se había predispuesto para cantar.

Al llegar a Ezeiza, la magia de aquel vuelo se rompió. Mucha gente aguardaba a Sandro que desapareció por una puerta mientras yo divisaba a mi padre que me esperaba ansioso para disfrutar de mi visita a mi país natal y de su primer nieto, nacido en Costa Rica.
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