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Votos ardientes

Luis Alberto Muñoz redaccion@larepublica.net | Viernes 07 febrero, 2014


El pueblo costarricense demostró no ser influenciado por las encuestas


Entre cielo y tierra

 

Votos ardientes

Habría que determinar, por amor a nuestra democracia, por qué en esta parte del mundo los estudios de opinión respecto a la intención de voto para la elección de presidentes no aciertan.
Los resultados de los comicios del domingo tomaron por sorpresa a quienes influenciados por las encuestas pensaban que Luis Guillermo Solís no tenía buenas oportunidades para esta elección.
Las divergencias entre la realidad y lo que miden estos sondeos no es novedad, lo que sí llama la atención es cómo el pueblo costarricense, con gran personalidad, mantuvo su intención de voto ajustado a su conciencia y no por lo que estas cifras reflejaban.
“Con Costa Rica no se juega”, gritaban líderes y simpatizantes del Partido Acción Ciudadana al observar los resultados que colocaban a Solís como ganador de esta primera ronda.
El problema como bien lo señaló el informe preliminar de la misión de observadores de la Organización de los Estados Americanos, es que las encuestas juegan un papel muy relevante en el proceso electoral, que va desde el financiamiento de la campaña hasta determinar quienes tienen la posibilidad de aparecer en los debates televisivos.
El jalón de orejas para el Tribunal Electoral no es para menos, pues si estos instrumentos son tan esenciales durante el clímax de nuestra democracia, resulta necesario que se aclare por qué no están siendo tan acertados.
Es curioso pues en otras partes del mundo, los estudios de opinión sí parecen atinar dentro del margen de error que supone su propia metodología.
Ahora de cara a una segunda ronda que se perfila muy interesante, medios, analistas y expertos políticos deberán poner sus barbas en remojo para dilucidar en dónde fallaron los cálculos.
Por supuesto que es más fácil ahora con los resultados definitivos en manos analizar qué paso. Sin embargo, es necesario este ejercicio, como una forma de fortalecer nuestra democracia y protegerla de elementos que pueden distorsionar su sano desenvolvimiento.
Al Tribunal también le tocará dar la cara y aprovechar los cuantiosos recursos financieros de que dispone para idear la forma de prevenir, supervisar y garantizar que en nuestras elecciones las encuestas no se conviertan en el lunar de la fiesta electoral. Luego de lo sucedido, no se vale una lavada de manos.

Luis Alberto Muñoz Madriz

@luisalberto_cr

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