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Lunes 20 Mayo, 2013

¿Votar o botar?

Un país ingobernable, la necesidad de que se disuelva el gabinete, funcionarios acusados de cargarse fondos públicos, un viaje gratis en avión, desmedida represión policial en un acto en el que participaban las máximas autoridades del Poder Ejecutivo. ¿Le suena? Quizás. Estoy describiendo cinco hechos ocurridos entre 1994 y 2010. Sí, lo siento, no estoy hablando de la administración de Laura Chinchilla. Fue durante el gobierno de José María Figueres que se habló por primera vez de nuestros supuestos problemas de gobernabilidad, fue José Miguel Corrales, entonces de su propio partido, el que reclamó una reorganización total del gabinete de Figueres, fue en ese periodo en que unos sinvergüenzas, algunos sentenciados penalmente después, se robaron millones de colones de Fodesaf, como antes lo hicieron otros en el Banco Anglo o en el Fondo de Emergencias. Hay más, fue Abel Pacheco el que en 2005 viajó gratis, con avión incluido, a un exclusivo club en República Dominicana y fue a Óscar Arias a quien acusaron de permitir que la policía reprimiera salvajemente a un grupo de opositores al TLC entre Centroamérica y Estados Unidos que se manifestaban frente a la Asamblea Legislativa. Un simple sobrevuelo por los archivos de nuestros periódicos le podría sorprender porque, como dirían los españoles, nos repetimos más que el salmorejo.
¿De verdad este es el peor gobierno de nuestra historia reciente? No lo creo, no porque sea bueno, sino porque es simplemente sintomático de algo que no está caminando bien en el sistema político costarricense. A mí lo que me preocupa es que la inmediatez del momento nos anieble para ver más allá. Si el problema se llamara Laura Chinchilla solo sería cosa de esperar, de ser pacientes, la paciencia, además, es algo que las religiones y los místicos siempre recomiendan; en menos de un año se acabaría nuestra tortura y el conjuro que la puso en Zapote dejaría, por fin, de alcanzarnos. Pero no es así. Esto es sintomático porque habla de cómo funcionan nuestras instituciones y de la incapacidad de respuesta del aparato estatal para atender las demandas ciudadanas. Habla también de un modelo de desarrollo que ha acentuado las desigualdades, habla de redes de corrupción y clientelismo y habla de la calidad moral e intelectual de los que se dedican al oficio de políticos.
Veo en redes sociales navajazos virtuales lanzados sin piedad de quienes, frente a un teclado, se sienten poderosos para soltar toda clase de rabias, reclamos y consignas virulentas. Sin embargo de ahí no se pasa y todos con la conciencia tan tranquila. Despotricar en Twitter y pedir cabezas en bandeja de plata nos convierte en ciudadanos virtuosos, pobre Maquiavelo. Embroncar contra el gobierno es legítimo, más aún, creo que es necesario, aunque claramente insuficiente.
En todo esto hay un juego perverso, lo perturbador es que pase el tiempo y los que vengan nos parezcan peores que los que hoy nos parecen los peores. Es perturbador, aunque no inédito, porque, como veíamos al principio, mucho de lo que se resiente de esta administración lo hemos visto antes, a pesar de nuestra generosa memoria para archivar el pasado. Por eso, para encarar el próximo proceso electoral, antes de preguntarnos a quiénes votar en las próximas elecciones, quizás convendría preguntarnos, de previo, a quiénes necesitamos botar. No tengo duda de algo, una regeneración democrática, como decía Peces Barba, no comenzará desde arriba. Nunca ha sido así.


Marco Feoli V.