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Jueves 27 Agosto, 2015

Difícilmente estamos a las puertas de una nueva recesión internacional, pero claramente no serán buenos años para Asia, ni para Sudamérica, Oriente Medio o África

Volatilidad en los mercados emergentes… ¡otra vez!

En las últimas semanas el nerviosismo y la volatilidad retornaron a los mercados financieros mundiales, esta vez de la mano de las dudas acerca del desempeño macroeconómico chino.
Los operadores financieros y, en general, la ciudadanía a través de la prensa, siguen diariamente con desasosiego e inquietud —y quizás hasta con cierto morbo— las caídas bursátiles.
Pero más allá de las fluctuaciones en los precios de los activos financieros y de las monedas en los mercados mundiales, es fundamental preguntarse: ¿qué implica esta situación para Costa Rica?
Ensayar una respuesta a esta interrogante en la práctica significa valorar la magnitud de la crisis china y su impacto sobre la economía mundial.
En el primer caso, es claro que China es todavía un gigante con pies de barro. Este brote de inestabilidad financiera surge en medio de un proceso de ralentización importante, producto en gran medida de un proceso de ajuste macroeconómico y financiero —llamado eufemísticamente rebalanceo— orientado a la necesidad de incrementar la demanda interna, en medio de marcadas debilidades en su sistema bancario, un serio problema fiscal a nivel de los gobiernos locales y, las siempre presentes en estos casos “burbujas especulativas”, asociadas por el comportamiento irracional de los inversionistas en los mercados accionarios e inmobiliarios.
Ese proceso, aún inconcluso, ahora se ve acompañado de inestabilidad financiera lo que terminará exacerbando la desaceleración de la actividad económica. Este es el principal canal a través del cual se transmitirá al resto del mundo esta desafortunada situación.
Los efectos de los vaivenes bursátiles, una vez pasado el nerviosismo inicial, quedarán limitados a los ahorristas e inversionistas chinos, pues la participación de inversionistas externos es aún muy limitada. Pero los efectos de una menor demanda china repercutirán de manera considerable en los mercados de materias primas y en consecuencia en las economías en desarrollo y en los mercados emergentes que los exportan, cuyo auge y excesos de los últimos años, estuvieron alimentados justamente por la impresionante fuente de dinamismo que significó el crecimiento chino de dos dígitos.
Para Estados Unidos y, en general, las economías avanzadas y para importadores netos de materias primas como Costa Rica, la perspectiva de que los precios de los commodities se mantengan deprimidos es, paradójicamente, un resultado favorable, siempre y cuando la inestabilidad financiera no aumente exponencialmente.
Por lo tanto, difícilmente estamos a las puertas de una nueva recesión internacional, pero claramente no serán buenos años para Asia, ni para Sudamérica, Oriente Medio o África.
Tanto China como los exportadores de commodities deberán profundizar sus procesos de ajuste rápidamente, el mundo para ellos no será color de rosa. Sus economías se debilitarán y sus monedas perderán valor, como ha sucedido recientemente; ayudando al proceso de ajuste, en la medida que no genere disrupción financiera.
¿Cuál es el mensaje final? Es probable que la economía local siga disfrutando de un entorno externo favorable, pese a la ralentización china, siempre y cuando la situación actual no derive en una crisis de naturaleza financiera, y hoy por hoy eso parece poco probable.

José Luis Arce

Cefsa