Carlos Denton

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Miércoles 11 Junio, 2008

Vocacional o intelectual

Carlos Denton

¡Hay que financiar a las universidades estatales! Constituyen un recurso de valor inigualable, que aportan al país en formas como ninguna otra institución pública o privada tiene la capacidad de hacerlo. Sus programas docentes son marcadamente diferentes a los que ofrecen los centros de educación superior de índole privada, y sus programas de investigación aportan al conocimiento nacional de manera única.
Al comparar los centros de educación superior estatales con los privados, es importante entender que los primeros son recursos intelectuales para toda la sociedad, mientras que los segundos son fundamentalmente instituciones abocadas a la preparación vocacional.
Cuando se le pregunta al educando, quizás de clase media donde escasean los recursos, por qué se decidió por una universidad privada, la respuesta inevitable es que le urgía entrar a la fuerza laboral y este tipo de centro permite “terminar la carrera en tres años”. El resultado es que las universidades privadas preparan sus egresados para todo tipo de vocación o profesión, pero no producen “pensantes”. Algunos dirán que los pensadores nacen y no se producen, pero el ambiente de fermento intelectual que se encuentra en las universidades estatales conduce mejor a estimular el análisis de todo tipo.
Esto no quiere decir que las estatales no produzcan profesionales capaces de competir en el mercado laboral —pero estos a diferencia de los egresados de las privadas fueron obligados a aprender algo sobre el pensamiento económico de Adam Smith y Karl Marx, de la música de Beethoven y Brahms, de la filosofía de Platón y de tantos más. Los egresados de las estatales pueden debatir si Juanito Mora fue de pensamiento “liberal” (lo que hoy llaman neoliberal) o si se oponía a la mano escondida del mercado.
Hay que decir que las privadas en algunos casos ofrecen carreras que son tan aplicadas que se puede dudar que sean “profesiones” en el sentido que usualmente se utiliza a esa palabra. ”Publicista”, “chef”, ”agente de seguros” como carreras, al autor de esta columna le parecen de muy poco contenido intelectual, sin minimizar su valor vocacional al que se egresa en las mismas.
Pero más allá del debate sobre el valor relativo de producir egresados que han recibido estudios generales, como es el caso de las estatales, lo que resulta definitivo es que los programas de investigación de los centros públicos son únicos. Desde la biología hasta la vulcanología, y desde la química hasta la geografía, hay investigadores aportando al futuro del país de manera importante. Sin duda hay investigaciones que no valen el papel en que se reportan, pero es parte del oficio —si no tuviera el país estos programas es probable que no hubiera logrado el progreso económico y social que ha disfrutado.
Hay muchos subtemas que se podrían incorporar a un debate sobre las universidades estatales y su financiamiento. Uno es el de la “autonomía,” y otro es sobre lo que tienen que pagar los estudiantes para asistir a estos centros. En la actualidad los educandos en los estatales pagan muy poco por su educación, aparte del costo oportunidad de no estar en la fuerza laboral generando ingresos.
Algo que no cuesta nada, ¿tiene el mismo valor para el que lo recibe, que algo que implicó erogar recursos que se pudieron haber usado para otra cosa?
El punto más importante es que a las universidades estatales hay que dotarlas de los recursos que necesitan.

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