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Una desordenada expansión horizontal de la ciudad y un modelo que echó abajo la calidad de vida de la clase media, la mantiene hoy sin vivienda propia y afecta sectores como la construcción y la banca


¿Vivienda propia para clase media?

Sin posibilidades de tener casa propia está la clase media costarricense hoy, debido a una serie de contradicciones producto del desarrollo cortoplacista y desordenado del país.
Esto perjudica además a desarrolladores de vivienda que ven afectado su negocio por un modelo de crecimiento insostenible.
También el sector bancario sufre las consecuencias. Bajan las tasas de interés pero no son fijas, por el contrario, tienden a ser bastante volátiles y siguen por encima de las posibilidades de la clase media.
¿Qué ocurre? El modelo de desarrollo ocasionó un desmejoramiento de la calidad de vida de esa clase y de los más pobres. Surgió la actual desigualdad.
La pérdida del valor adquisitivo de la moneda afectó la capacidad de consumo de muchos y principalmente la compra de vivienda que es el rubro más caro.
El costo de la vida fue aumentando pero los ingresos de la clase media no crecieron en la misma proporción.
El consumo de bienes y servicios se incentiva especialmente permitiendo a la gente endeudarse por la vía de tarjetas de crédito, pero esto además de ponerlos en riesgo les impide el ahorro, que sería un buen camino para tener un capital base para la adquisición de vivienda propia.
Por otra parte, un gran factor de progreso es el que se hayan puesto normas de construcción más seguras, aun si por ello se aumenta un poco el costo de los inmuebles.
Esas medidas de seguridad en materiales y reglas antisísmicas permitieron, la mayoría de las veces, que casas y edificios no cayeran como sí ha ocurrido en otros países, ante terremotos de bastante intensidad.
Esto, desde luego, no debe modificarse. La solución a algo no debe darse nunca creando un problema más grave. Ni siquiera se sabe si la intensidad de futuros terremotos podría ser mayor a las registradas hasta la fecha.
En cuanto al precio creciente del valor de los terrenos, era de esperarse. El modelo de desarrollo estimuló la expansión de la ciudad en forma horizontal. No surgió por ello la construcción vertical y la cultura que la acompaña.
Esto coadyuvó a otro grave problema. Al cementarse cada vez más terrenos se impide la adecuada reabsorción del agua de las lluvias, que busca salidas por donde puede provocando crecidas de ríos y derrumbes.

Sufren las poblaciones al ser arrasadas por el agua y se dañan carreteras y puentes.
Una cadena, como vemos, de problemas generados por un crecimiento desordenado y cortoplacista que ignoró, incluso, caros estudios sobre el tema.
Se optó por un desarrollo que al no ser inclusivo echó abajo la sólida clase media de antes, que sí tenía posibilidades de contar con vivienda propia.

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