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Debemos pasar de la explotación material intensiva a la explotación de las ideas capaces de reinventar las formas de crecimiento y los estilos de vida

Virar antes de pegar con pared

Potencias mundiales como Estados Unidos y China, entre otras, y los países emergentes, compiten hoy por obtener suministros de energía de gran escala que les garanticen sus metas de desarrollo.
“Las más grandes empresas chinas en los últimos años han invertido miles de millones de dólares en países latinoamericanos a cambio de un flujo garantizado de materias primas, sobre todo hidrocarburos”, dice un informe publicado en este medio el lunes.
Importantes cuotas del total de la explotación petrolera en Brasil, Venezuela, Argentina y Ecuador y cerca de 2 mil millones de toneladas de cobre de Perú, por ejemplo, son muestra de las necesidades previstas por el gigante asiático que, en su más reciente plan quinquenal, publicado en marzo de este año, se propone cuadruplicar su economía para 2020.
Es evidente que las sociedades de hoy, con un modelo de desarrollo basado en la explotación material intensiva, se acercan a límites que antes se veían lejanos y ahora están a la vuelta de la esquina.
Los países menos desarrollados, que consumimos menor cantidad de recursos energéticos, somos una especie de reserva para las naciones desarrolladas en ese sentido. Pero no por mucho tiempo, además de que tenemos nuestras propias necesidades.
Por ello, la carrera por el abastecimiento de esos recursos y de materias primas en general se incrementará cada día en el planeta y con ello cobra fuerza la necesidad de un cambio.
El fenómeno es visible en cualquier sector de la producción y el reto es dirigir los esfuerzos ahora hacia una gestión sustentable de los recursos naturales. Un modelo de desarrollo que deberá incluir necesariamente, en todo, el eje de la sostenibilidad. Debemos pasar de la explotación material intensiva a la explotación de las ideas capaces de reinventar los estilos de vida y las formas de crecimiento.
Los pioneros del nuevo modelo avanzan con éxito ya en múltiples innovaciones de la ciencia y la tecnología que llevarán a un cambio en la cultura.
Costa Rica debe aprobar un plan-país acorde con las nuevas necesidades, por encima de los típicos y desprestigiados fines electoreros, que incluya promover el paso a la nueva cultura mediante el sistema educativo formal y no formal, con estrategias que involucren a toda la sociedad civil y al Estado. Los gobernantes no pueden ni deben retrasar estas medidas porque la propia sociedad se las reclamará.
Más bien, Costa Rica tiene condiciones para dar ese paso con buenos resultados, siempre que cuide y use con mucha eficiencia e inteligencia sus recursos naturales y provea a su mayor activo, su gente, de lo necesario para que se mantenga saludable y se eduque para construir la nueva Costa Rica, que solo será posible si se hace entre todos.
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