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Viernes 22 Noviembre, 2013

Viejos y nuevos mitos

Gravitan sobre el espacio las grandes historias y los mitos. En la pubertad de los pueblos, las ansias se vuelcan en figuras acabaladas mirando al cielo y también al inframundo.
Es el comienzo de toda relación humana: ensimismamiento de la vida retraída a la precariedad social.
Un círculo cerrado, incluso, con sus propios dioses que son los alumbradores de lo tribal.
La apertura hacia otros grupos forja ese intercambio no solo de relaciones económicas sino que se fortalece con luchas e invasiones.
Allí nacen los mitos abrazados a númenes sobrepuestos y hasta impuestos. Destino de vencedores y derrotados.
Al revisar arqueológicamente los restos de pasadas civilizaciones resplandecen figuras ante las cuales el ritual hacía homenaje de entera sumisión.
Tocamos esos restos con la avaricia de encontrar respuestas a esos ídolos y sus manes dando aliento a sus moradores. Solo encontramos, la mayor de las veces, hipótesis fundadas en jeroglíficos o anales dejados por juglares en sus cantos recogidos en el habla popular.
Pero si aquellos mitos son como espumas de las que vemos sus contornos y no representan casi nada para nosotros, otros mitos llegan con los avances modernos y nos pueblan de condicionamientos que son límites al entendimiento libre.
Aprisionados por esos mitos, hoy recorremos nuestras visiones con formas impulsadas por los poderes hegemónicos que obligan, so pena de excomunión financiera, a regresar a zonas ya superadas; castigo a las grandes muchedumbres en beneficio de grupos cerrados.
Hoy los fantasmas tienen apellidos sacados de un trivial concepto del mercado como ídolo, al cual se someten todas las naciones.
¡Un inframundo de la miseria y la desolación...!

Rogelio Ramos Valverde