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Los costarricenses no deberían estar condenados a la obesidad, la mala nutrición ni la enfermedad

Víctimas de malos hábitos inculcados

Lo importante de detectar problemas es comprender qué los originó y combatir esa fuente indeseable.
Seis de cada diez costarricenses tienen sobrepeso, señala una nota de este medio el viernes anterior. Se puede agregar que otros, con el peso correcto, no saben que están mal nutridos. Es una situación que origina enfermedad pero no nos educan, en general, para saber esto.
Aunque debimos prevenirlo, el problema ya está entre nosotros y ahora hay que definir claramente qué nos llevó a él para tomar las medidas necesarias y revertir esa realidad.
Años de inducción y estimulación para que adquiriéramos hábitos insanos de alimentación rindieron sus frutos y aquí estamos, mal nutridos y padeciendo las consecuencias.
Si efectivamente el Estado costarricense quiere devolver el hábito de la alimentación saludable a su población no podrá hacerlo mediante una o dos recomendaciones que no lograrían vencer la mala usanza ya adquirida.
El paladar es un sentido que se educa y hemos recibido estímulo durante años para acostumbrarlo equivocadamente a ciertos sabores y texturas. Algunas invitaciones o sugerencias tampoco serán suficientes para que la población comprenda los procesos que el cuerpo realiza para recibir, transformar y utilizar los nutrientes provenientes de los alimentos.
Serán necesarias sostenidas e integrales campañas para que en los hogares, los centros educativos, los medios de comunicación y en general, el ambiente social, cambie la mentalidad. Será necesario un gran acuerdo nacional entre Estado y empresas privadas para que esto tenga éxito. No se debe esperar, como ocurrió con el cambio climático, a más daño para tomar medidas.
De lo contrario, seguiremos caminando por el rumbo marcado por quienes nos enviaron a la mala nutrición y los costarricenses seguirán enfermándose y gastando presupuestos en medicamentos que no podrán devolverles su buena salud.
Un Gobierno que se precie de responsable, deberá asumir este reto. Los costarricenses, habitando un país con unas dimensiones y un clima en el que se pueden cosechar y consumir frescos vegetales, tubérculos y frutas durante todo el año, y donde el resto de la alimentación puede obtenerse de fuentes idóneas, no deberían estar condenados a la obesidad, la mala nutrición ni la enfermedad.
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