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Martes 7 Agosto, 2012

Versiones de políticos

Cada día está más en entredicho la política y la figura de quienes son su rostro: los políticos. Se me ocurre pensar que existe una diferencia importante entre un político y quienes pretenden serlo, y entre política y quienes creemos que hacen política. Al menos para mí la política es un arte y los políticos son sus ejecutores, bien o mal, pero lo son, como lo es la música y los músicos que la ejecutan.
Pero quienes pretenden mostrarse públicamente como políticos sin serlo, son como las cosas falsas, muestran lo que no son; podemos aducir que algunos resultan copias bastante aceptables, pero carecen del ser político, del verdadero sentido del artista de la política.
Todos los días aparecen en el mundo político planetario muchos de estos últimos haciendo gala de sus torpezas; Costa Rica no tiene la exclusividad, nos los enseñan también los medios de comunicación extranjeros. Se esfuerzan en dar explicaciones poco creíbles hasta para el más ignorante; caen en las trampas más sencillas de un periodista astuto, o bien no saben cómo afrontar públicamente lo que para cualquier persona normal es un hecho evidente.

La política no es responsable de los desaguisados de estos aspirantes metidos en política, como la mayoría de quienes sí son políticos no son responsables de los desaciertos de ellos, pero si hay algo que la política descuida es la irrupción en su seno de esos pretendientes a políticos, generalmente aparecidos para un periodo y que son usuarios de corbata sin mayor simbolismo.
Cada quien tiene su particular visión de todo ello, no obstante que en política, como en cualquier otra actividad del quehacer humano, es difícil confundir a sus verdaderos ejecutantes de quienes no lo son. A los excelentes políticos se suele llegar a considerarlos estadistas (o persona especializada en asuntos concernientes a la dirección de los Estados o instruida en materias de política); los aspirantes a serlo terminan siendo figuras caricaturescas por culpa de quienes la política sale condenada en el tribunal popular.
René Remond decía de Charles de Gaulle que “osciló entre la aspiración a la unanimidad nacional, y la incomodidad de ser el Jefe de una fracción enfrentada a otra. Solos, sin duda, los políticos que tienen talla de Hombre de Estado, conocen por cierto esta ambivalencia. Pero para el político común todo es simple, pues él no se plantea tantos interrogantes. «Lui aussi a oscillé entre l'aspiration à l'unanimité nationale et l'obligation de devenir le chef d'une fraction contre une autre. Seuls, sans doute, les politiques qui ont l'étoffe d'un homme d'État connaissent ce partage. Au politicien tout est simple, et il ne se pose pas tant de question»” (Wikipedia).
Y es que el pretendiente a político no puede plantearse interrogantes, simplemente porque no los tiene, porque no tiene visión política, visión de hombre de estado.
Es cierto que la política es también el extraño arte de volver enemigos a los mejores amigos, como es la escuela para ponerle freno a lo que otros han venido haciendo, pero el político es visionario, el pretendiente es ciego mental, es decir, hace para deshacer o no hace gran cosa, por no decir que nada hace.
Y ese es el mayor problema de la política, la infiltración en sus interiores de esta clase que lamentablemente la toleran quienes sí son verdaderos políticos.

Héctor Arce Cavallini
Ingeniero