Enviar

Si bien los problemas viales se han acumulado por un abandono de años, había expectativa de que este gobierno diera el gran empuje al contar con un jugoso presupuesto


Vergüenza vial

Todo el mundo se ha burlado del mal estado de las vías y solo el Gobierno no se sonroja ni trata de arreglarlas.
Ya quedó demostrado que la culpa de que tengamos unas de las peores carreteras de Latinoamérica es la falta de empuje de los funcionarios encargados y no la escasez de recursos.
Actualmente hay más de $1 mil millones ociosos de empréstitos cedidos por instancias internacionales para reparar carreteras y hay una concesión atorada que habría evitado los dolores de cabeza que ha provocado la ruta General Cañas.
Pese a que todos los ciudadanos ya están pagando los intereses de los créditos que se han solicitado y a que cada vez son más frecuentes los daños que presenta la red vial, aún no existe un plan que defina en qué se va a invertir ese dinero.
Si bien los problemas viales se han venido acumulando por el abandono en que han estado los caminos por años, se tenía una gran expectativa de que este gobierno diera el gran empuje al contar con un jugoso presupuesto y con otras herramientas a mano, como la concesión de obra pública.
Las promesas para mejorar las carreteras sobran, desde calles de dos pisos en la Uruca, hasta puentes nuevos, pasos a desnivel y la conclusión de obras eternas, como la Circunvalación Norte.
Pero lo cierto es que solo un proyecto financiado con los millonarios créditos viales está en marcha: la ampliación de los 50 kilómetros del tramo de carretera entre Cañas y Liberia y sus 18 puentes.
Todo esto ha llevado a que todas las semanas se presente una falla en una carretera, que desencadena caos viales.
El daño de esta semana surgió ayer y fue nuevamente en la carretera General Cañas, principal vía del país con un tránsito diario de 100 mil autos.
Sucumbió uno de los puentes tipo Bailey recién colocados cerca del residencial Los Arcos, cuando pasaba una grúa con más peso del adecuado, lo que provocó una costosa presa no solo en tiempo perdido sino también en combustible.
La culpa de que colapsara el puente se le quiso atribuir al conductor de grúa por haber cruzado con más peso del que soporta la estructura temporal.
Sin embargo, basta irse siete años atrás para ver que la responsabilidad de los daños que sufre la General Cañas es de los funcionarios, quienes no han podido echar a andar la concesión de la carretera entre San José y San Ramón, avalada por la Contraloría en 2005.
Si ese proyecto hubiera arrancado a tiempo, la ruta General Cañas no solo soportaría más peso sino que además tendría hasta ocho carriles y un nuevo puente de cuatro vías sobre el río Virilla (el de la platina), el mismo que desde hace tres años se dice que se va a arreglar.
 

Ver comentarios