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Sábado 6 Agosto, 2016

Justificada por la genética y la psicología, la homosexualidad no podría ser juzgada como una “perversión” de las personas

Vergüenza católica

Ricardo Sossa Ortiz
Periodista, sociólogo y politólogo

En su homilía del 2 de agosto pasado, el obispo Gabriel Montero acusó al Gobierno y a miembros del Poder Legislativo de promover el aborto para “favorecer a ciertos intereses económicos tanto nacionales como extranjeros". ¿Cuál es la fuente de la que saca tal afirmación?
Ataca a los divorciados, mismos que el Papa ha llamado incluso a comulgar. “Lo que más preocupa al respecto es que en el pasado matrimonios no muy felices lograban mantenerse, gracias a los principios y valores antes mencionados y gracias al sacrificio y no poco aguante". Es decir, que el marido o la esposa de hoy “lleven garrote” y sean infelices. ¿Eso quiere la Iglesia?
El obispo se cizaña contra la diversidad sexual y la igualdad de sus derechos: “Continúan desde varios frentes los ataques contra el matrimonio y la familia: la promoción de una educación sexual basada en una concepción mecánica y hedonista de la sexualidad y la proposición de nuevos modelos de unión entre parejas presentados como iguales…”, afirmó el obispo.
Saliendo de su visita en Brasil, el Papa Francisco dijo: ¿“Quién soy yo para juzgar a los homosexuales?”. Entonces ¿quién es Gabriel Montero para hacerlo?
En la Biblia, Romanos (1, 26-27); acusa a las relaciones homosexuales ir en contra de la naturaleza. Pero es Romanos también el que dice que Dios todo lo permite por el bien de quienes lo aman (Ro. 8,28); ¿no es la misma razón por la que Satanás debía pedirle permiso a Dios para provocar enajenación en Job?
Además, debe recordar el obispo que la Biblia ha sido traducida un sinnúmero de veces y cuando el traductor no está de acuerdo con el autor, lo traiciona. Esto sin mencionar que el libro de Romanos, si bien es una carta de Pablo a Roma, no se sabe con certeza quién la escribió, se cree que fue Tercio y mucho menos se sabe quién la llevó a Roma.
Las investigaciones del genetista Dean Hamer, por citar solo uno como ejemplo, en el “National Cancer Institute” de EE.UU. han concluido que la homosexualidad no es una elección, sino una herencia genética hallada en el gen X; sin desestimar los estudios de Freud que rinden responsable al entorno familiar: padres abusivos, complejo de Edipo, etc.
Justificada por la genética y la psicología, la homosexualidad no podría ser juzgada como una “perversión” de las personas, estaría intrincada al ADN de los individuos. Entonces, si somos creados por Dios, la homosexualidad está lejos de ir en contra de la “ley natural”.
En referencia al luteranismo y a los protestantes, el obispo hace una brillante exposición entre la diferencia de los que se creen “poseedores de la verdad” y aquellos que obtienen el conocimiento por “revelación”. Pero al mismo tiempo queda al descubrimiento la contradicción del discurso, pues el obispo parece pertenecer al primer grupo.
Como católico practicante, me da vergüenza que la Iglesia se iguale a los evangélicos extremistas que ocupan las curules parlamentarias, apedreando la diversidad sexual, creando discriminación y odio.
¿Por qué entonces la Iglesia católica costarricense se hace ciega ante el ejemplo del Papa y sorda ante la palabra de Jesús? “Que tire la primera piedra quien está libre de pecados”, y pedradas fue lo que lanzó el obispo. Lapidó sin piedad ni misericordia.