Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 20 Agosto, 2008

Ventas de Navidad

Carlos Denton

Me cuentan que un bar en Paso Canoas mantiene las decoraciones navideñas —luces, Santa Claus y su trineo, y un arbolito plástico— todo el año. Me imagino que los clientes regulares no se dan cuenta, y los visitantes ocasionales no hacen comentarios. Esta es una situación extraña, pero el dueño del establecimiento tiene el derecho de decorar a su gusto; cuando vende sus tragos y cervezas si quiere vestirse como “Batman” o “Zorba el griego” tampoco importa.
La semana pasada visité un almacén en Escazú y me encontré dos filas completas para la venta de artículos de Navidad —pesebres, luces, adornos— y a la par, estantes llenos de juguetes plásticos para niños. Mi reacción fue “¡esto no puede ser!”. Pero tuve la oportunidad de ver clientes que revisaban la mercadería, y en un par de casos metían uno que otro artículo en la carretilla para luego pasar a la caja para pagar. Entonces, sí hay personas haciendo sus compras navideñas ahora en agosto, más de cuatro meses antes del 25 de diciembre. No sé si debería calificarse como prevenidos u obsesivos compulsivos a esos compradores de este tipo de artículos; quizás lo que hacen es normal y soy yo el que estoy “fuera de onda”.
Todavía no tenían la música navideña puesta, pero me imagino que es cuestión de días para que se comiencen a oír a Bingo Crosby, José Feliciano, Elvis, y los coritos de niños sonando por los parlantes colocados en puntos clave del almacén. Pronto los vendedores y cajeros aparecerán con gorritos rojos.
Recuerdo cuando varios comentaristas se declararon asustados porque el comercio josefino comenzó la “campaña de mercadeo navideña” a mediados de setiembre, pero ahora aparentemente se ha “levantado la barra” y algunos ya están en plena acción.
La comercialización de lo que es una fiesta religiosa se ha demostrado que no se puede evitar. Pero ¿qué se podría hacer para limitar el tiempo dedicado a las ventas y las compras relacionadas con la época navideña? Desde la perspectiva del autor de esta columna, la solución más efectiva sería lograr que se pasara el pago del aguinaldo, derecho irrevocable de los trabajadores, a los primeros diez días de junio de cada año.
Si se pagara ese mes de salario en junio es posible, incluso, que los dineros se dedicarían a mejor uso. En vez de ser derrochados en juguetes plásticos que en muchos casos quedan rotos 24 horas después de entregados a los niños, en artículos que los mismos comerciantes reconocen que no pueden mover con facilidad el resto del año —perfumes y lociones, portarretratos, batas, corbatas y bufandas, pantuflas, libros de mesa, joyería de “fantasía”, carritos de control remoto, billeteras, relojes cucú, arte de dudoso valor, y miles de artículos más— podrían usarse para ahorros y reducción de deudas, en un viaje educativo, o en la compra de algo de más valor. Entiendo que lo propuesto, si se hiciera, sería la peor pesadilla para ciertos representantes del comercio nacional, pero podría ser algo bueno para los habitantes.
Quizás pronto más de un almacén imite al bar de Paso Canoas, y venda artículos navideños todos los días del año.

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