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Lunes 9 Noviembre, 2009

Vendamos el sofá

La decisión reciente del Poder Ejecutivo de eliminar el otorgamiento de permisos de portación de armas a todos los extranjeros en Costa Rica es, además de xenófoba, es bastante absurda y nos remite a la historia de Franz y Fritz. Para los que no la conocen, en cierta ocasión Franz vio a su esposa haciendo el amor con su amigo Fritz sobre el sofá de la sala… y vendió el sofá.
Estas son las típicas soluciones “a la tica”, sin pensamiento, sin argumentos, sin análisis, que nos tienen y tendrán condenados al subdesarrollo per sécula seculorum. El Estado costarricense, y la mayoría de sus instituciones, siguen operando a base de reacción y nada de proactividad. Como lo mencioné en alguna de mis columnas en LA REPUBLICA, las palabras “planificación”, “proactividad”, “análisis”, “estudio” y demás sinónimos parecieran prohibidas en Costa Rica.
El trámite de solicitud y entrega de permisos de portación es, desde hace años, un calvario y un martirio para quienes los necesiten. Sea para asuntos de trabajo, como es el caso de los oficiales de seguridad privada, defensa personal, como es el caso creciente de costarricenses que buscan armarse ante la impasibilidad e imposibilidad del Ministerio de Seguridad de permitirnos volver a vivir tranquilos, o por el simple hecho de tenerlos, las horas perdidas en Armas y Explosivos hacen perder la paciencia al mismísimo Confucio.
El problema de las pandillas, el exceso de armas y todas sus consecuencias va muchísimo más allá de si extendemos permisos de portación o no.
Para empezar, no se debe nombrar en puestos ministeriales claves a gente sin experiencia, que deba someterse a una curva de aprendizaje y cuya percepción sobre su labor no sea la correcta. Hay ministerios claves en Costa Rica que deben ser ocupados por gente con experiencia, conocimientos, estrategias, etc. Se me ocurren, de primera mano, el Ministerio de Educación, el de Seguridad y el de Salud, como mínimo.
No se puede, ni se debe, nombrar a alguien de educación en seguridad y viceversa. Aquí viene el primer error. Si bien una de mis teorías en la vida es que todo gira en torno a las matemáticas, pareciera que en Seguridad el asunto no es tal, sino que va más allá.
Actualmente las eternas “faltas de presupuesto”, “no contar con personal suficiente” y otras por el estilo son la excusa perenne y perfecta para quienes no quieren hacer las cosas. Podríamos, incluso, añadir “innovación” y “priorización” a la lista de palabras prohibidas que mencioné párrafos atrás.
¿Quiénes serán las grandes afectadas con esta medida? Las empresas de seguridad serias, responsables y que trabajan acorde con la ley, que no podrán realizar los trámites correspondientes para inscribir a su mano de obra legal, que paga impuestos, que cotiza a la Caja y de cuyo salario dependen familias.
Pero bueno, sigamos vendiendo los sofás y pronto no tendremos ni donde sentarnos. Para eso ya será demasiado tarde.

Marcello Pignataro