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Martes 19 Enero, 2010

Vanderbilt y la guerra del 56: Una aclaración necesaria

El artículo de don Carlos Denton (6 de enero, 2010, página 12), resulta importante para comprender la más brillante página de nuestra historia patria: La Campaña Nacional de 1856-1857. No obstante, se hace necesario aclarar algunos de los hechos históricos consignados.
Para las elecciones de 1860, la continuidad de la hegemonía sureña en la Casa Blanca se veía amenazada por el impetuoso avance de los abolicionistas “yankees” del norte, cuyo modelo industrial aglutinaba a millones de inmigrantes europeos. Entonces los líderes del sur plantearon la anexión de nuevos territorios, fijando la mirada en la América Central. El presidente Franklin Pierce, junto con el embajador en el Reino Unido James Buchanan y el senador Pierre Soulé, confiaron el proyecto “Federación Caribe” al aventurero William Walker, teniendo como objetivo secreto tomar control de Nicaragua, promover un estado federal regional para anexarlo a la Confederación Sureña.
Dentro de este contexto aparece Cornelius Vanderbilt. En 1855 sus intereses financieros se vieron seriamente afectados cuando sus socios Garrison y Morgan lo traicionaron arrebatándole la Compañía del Tránsito para asociarse con Walker. Cuando se enteró de los planes para tomar la Vía del Tránsito, ofreció al presidente Juan Rafael Mora el envío de dos empleados de su confianza: Sylvanus Spencer y Robert Webster.
Ambos viajaron a Costa Rica con la misión de recuperar los bienes de su patrón, para lo cual Spencer debía colaborar con el gobierno como guía naval, mientras que Webster propuso tres contratas para sufragar los costos de la guerra, resultando un obscuro intento de estafa. De hecho, jamás hubo pago en efectivo a Mora o a su Gobierno. Tampoco se le dio nunca el mando a Spencer, otorgándole tan delicada misión al general José Joaquín Mora y al mayor Máximo Blanco. En realidad, el éxito de las acciones militares fue producto de la bravura de los costarricenses y no debido a la conducción de Spencer o la generosidad de Vanderbilt.
Don Carlos se pregunta cómo pudo Walker apoderarse de Nicaragua. La respuesta pasa por la sangrienta guerra civil entre leoneses y granadinos, la falta de liderazgo y la intervención diplomática de Estados Unidos. Costa Rica en cambio, mantenía un clima de paz interna, justificada por un exitoso modelo cafetalero, dirigido al mercado inglés e impulsado por una elite de agricultores emprendedores, con gran visión comercial, teniendo a la cabeza al presidente de la República, líder de su pueblo y patriota a toda prueba: don Juan Rafael Mora.
Finalmente, Nicaragua ha tenido a lo largo de su convulsa historia política gobernantes buenos y malos; pero todos hijos del país; siendo el peor un invasor extranjero con sueños imperiales, ignorante del español, cuya gran meta era el convertir a la América Central en una inmensa granja de esclavos.

Raúl Arias Sánchez, historiador
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