Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 13 Octubre, 2010


Hablando Claro
Valores

No es la primera vez que lo apuntamos. El decoro debería ser —junto con la congruencia— uno de nuestros términos de referencia en la vida. Es una palabra de significado profundo que hace referencia al honor, el respeto propio, el pudor y la honestidad. Según el diccionario, se puede contextualizar el término de manera que al “guardar el decoro” podemos referirnos a actos o palabras que son “correspondientes con la propia estimación o merecimiento”.
Y si guardar el decoro es correspondiente con la propia estima o merecimiento, se podría inferir que la estima o merecimiento que tenemos de nosotros mismos es alta si nos conducimos con apego a los cánones de la honorabilidad. Por el contrario, nuestra estima o merecimiento resulta limitadísima si ni siquiera chistamos cuando dejamos los jirones del decoro en el piso de la bajeza, de la deslealtad o del muy común expediente de la hipocresía y la mala fe.
Tanto es así que la acepción “guardar el decoro” se explica como “comportarse con arreglo a la propia condición”, lo cual nos lleva a plantear claramente que el decoro no implica la misma medida para todos.
El desarrollo de nuestro carácter es una tarea de todos los días y de toda la vida. Debemos ser conscientes de ello y no perder de vista el propósito de nuestras vidas, pues de lo contrario iremos como barco sin brújula y seremos empujados según sople la corriente. Y sobra decir que las malas corrientes abundan por doquier.
Por eso debemos asir el mando. Llevar el timón. Pero para ello, obviamente debemos saber hacia dónde queremos conducir el navío de nuestra efímera existencia. De lo contrario ninguna brújula tendría sentido. Por eso se dice que para quien no sabe a dónde se dirige cualquier puerto es bueno.
Usted debe ser capaz de llevar las riendas de su proyecto de vida y hacerlo con firmeza de carácter y claridad de metas. Así, cuando se presenten las tormentas sabrá cómo conducirse, sabrá cómo disminuir la velocidad, si debe reencauzar su nave o si debe retornar a puerto seguro para intentar una nueva hoja de ruta cuando pase el temporal.
En algunos momentos las tormentas de la vida serán tan fuertes que nos sentiremos cansados de navegar. Para eso será determinante que hayamos actuado con apego absoluto a los principios guías de nuestra carta de navegación. Así podremos dormir tranquilos, sin sobresaltos de conciencia y podremos recuperar las energías para seguir adelante con el mismo ímpetu y entusiasmo que debe motivar la hoja de ruta de la existencia cotidiana.
Porque como bien sentenció el fiscal general electo de la República, don Jorge Chavarría Guzmán, frente a un millón de dólares o cualquier cifra del dinero sucio del narco y sus tentáculos, uno solo se puede mantener en su hoja de ruta, si tiene bien calibrada la brújula de sus valores.

Vilma Ibarra