Uribe no convenció al Congreso de EE.UU.
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Uribe no convenció al Congreso de EE.UU.

Bogotá- Alvaro Uribe, presidente de Colombia, ha despedido a tres generales vinculados con los carteles de la droga, aceptó extraditar a un jefe de narcotraficantes y contrató a importantes grupos de presión demócratas para intentar persuadir al Congreso estadounidense de que dé su visto bueno a un acuerdo comercial.
No lo vendió.
Colombia y el Gobierno del presidente de George W. Bush llegaron al acuerdo hace 18 meses, y desde entonces este ha languidecido en el Congreso. Los demócratas y los sindicatos dicen que los homicidios de líderes laborales colombianos y los vínculos del Gobierno de Uribe con grupos paramilitares significan que la nación latinoamericana no merece el acuerdo.
El estancamiento ha dejado a la Casa Blanca y sus aliados empresariales como Wal-Mart Stores Inc. y United Parcel Service Inc. tratando de evitar lo que sería el primer rechazo de un acuerdo comercial por parte del Congreso. El hecho tendrá repercusiones que llegarán mucho más allá del comercio de $16 mil millones entre ambos países.
Un fracaso enviaría una señal de que Estados Unidos está dándole la espalda a Latinoamérica y abandonando un esfuerzo de seis decenios por desmantelar las barreras globales de mercado, dice Carlos Gutiérrez, secretario de Comercio y principal enviado comercial de Bush.
“Hemos estado en esta tendencia de abrir los mercados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”, dijo Gutiérrez en una entrevista. “Este no es momento para cambiar de rumbo”.
Gutiérrez, de 53 años, se está preparando para viajar a Panamá, Perú y Colombia esta semana con un grupo de legisladores de ambos partidos, mientras el Gobierno aumenta la presión sobre el Congreso para aprobar los acuerdos con cada uno de los países. El Senado empezará en breve a considerar el acuerdo con Perú, que enfrenta menos oposición.
Los líderes demócratas, incluido el presidente de la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, Charles Rangel, de Nueva York, se opone al acuerdo con Colombia, que según el Gobierno de Uribe conducirá a una afluencia de inversiones extranjeras y suministrará a los agricultores un medio para salir de la producción ilegal de coca.
Los demócratas tomaron el control del Congreso en enero entre la creciente inquietud de los votantes por el estancamiento de los salarios, la subcontratación de servicios y el montante déficit comercial con China. Muchos de los nuevos legisladores demócratas se presentaron con una plataforma de oposición a los planes comerciales de Bush y quieren cumplir ese compromiso.
“Los demócratas quieren un acuerdo comercial al que puedan oponerse, y en este momento apuntan a Colombia”, dice Gary Hufbauer, académico del Peterson Institute for International Economics en Washington, un grupo independiente de investigación. Rangel dice que si bien un acuerdo no ha sido “completamente descartado”, la medida podría no concretarse en años.
Quienes están en contra del acuerdo dicen que su oposición se basa en el nivel de violencia que impera en la sexta economía latinoamericana en tamaño, especialmente la violencia contra los organizadores sindicales.
“Es una atrocidad que esto sea siquiera considerado”, dice Yvette Pena-Lopes, cabildera de la International Brotherhood of Teamsters. Aunque su sindicato también se opone a los acuerdos con Perú y Panamá, “Colombia es más personal, por la matanza de dirigentes sindicales”.
El año pasado, 72 dirigentes de sindicatos murieron, según un análisis del U.S. Labor Education in the Americas Project, un grupo independiente que examina datos sobre Colombia para la AFL-CIO, la mayor federación laboral de Estados Unidos.
Mientras esas muertes han bajado más de la mitad desde que Uribe, de 55 años, asumió el cargo en 2002, todavía son más los funcionarios sindicales muertos allí que en el resto del mundo en conjunto, dijo Stephen Coats, director ejecutivo del grupo. Y solo un puñado de homicidios ha llevado a arrestos, agrega.
Las compañías estadounidenses también han intervenido. Wal-Mart, con sede en Bentonville, estado de Arkansas, que importa de Colombia flores, textiles e indumentaria libres de aranceles bajo los actuales programas de preferencias comerciales que expirarán en febrero, está ayudando en la campaña de presiones al Congreso.
Procter & Gamble, de Cincinnati, el mayor fabricante mundial de productos de consumo, y otras compañías dicen que el acuerdo con Colombia es el más importante de los tres que están pendientes en la región, por las dimensiones de su mercado, 45 millones de personas, y su creciente clase media.

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