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El 2014 tiene que ser muy diferente. Desde un inicio, las señales positivas deben estar en la mente de quienes dirigen los destinos del país, tanto desde el ámbito político como el económico


Editorial

Urgen señales positivas para 2014

El 2013 ya quedó atrás, pero dejó un sinsabor en la boca de muchos costarricenses.
Hubo baja inflación y un crecimiento económico que cerró mejor de lo esperado, pero ambos indicadores no alcanzaron para dibujar una sonrisa en el rostro de los economistas, empresarios y menos del resto de ciudadanos.
El aumento de la producción del país terminó en un 3,4%, insuficiente para cerrar la brecha del desempleo. El 2013 tuvo una tasa de desocupación que rondó casi el 9%.
Tal cifra es menor a la alcanzada en 2012, pero no nos engañemos. El mismo Instituto Nacional de Estadística y Censos reconoce que su reducción no necesariamente está asociada a un aumento del empleo, sino más bien al retiro de la fuerza laboral. Es decir, menos personas salen a buscar trabajo, desalentadas por la falta de oportunidades.
De esta manera, uno de los mayores logros de la gestión económica del actual gobierno, que fue mantener la inflación bajo control tuvo poco efecto. De nada sirve que los precios estén bajos si la gente no tiene plata para comprar.
Con menos personas con dinero en sus bolsillos, el comercio, la construcción y la industria en general tampoco se mostraron muy dispuestos a invertir en ampliar instalaciones, comprar maquinaria, inventarios o hacer mayores contrataciones para producción y ventas si hay menos compradores.
Adicionalmente, el Banco Central impuso a los bancos restricciones para que pudieran prestar más, sobre todo en dólares, con el fin de mantener la estabilidad de la economía. Para los banqueros, esto fue una señal negativa que llenó aún más de desconfianza a las empresas, que el año pasado decidieron no tocar las puertas de las instituciones para pedir crédito.
Es muy cierto que el panorama internacional tampoco era el más alentador. Sin embargo, el país perdió una excelente oportunidad para atacar el problema en forma anticíclica, fomentando el consumo interno por medio de un mayor crédito o una mayor inversión en infraestructura pública.
El 2014 tiene que ser muy diferente. Desde un inicio, las señales positivas deben estar en la mente de quienes dirigen los destinos del país, tanto desde el ámbito político como el económico.
La actual contienda electoral, lejos de crear incertidumbres y miedos sobre quién nos va a gobernar, debe verse como una señal de que habrá un cambio de paradigma a la forma como se han llevado las riendas en los últimos años.
Las autoridades económicas podrían manejar sus instrumentos de control para fomentar una mayor producción con lo que habría un aumento en el empleo.
Las casas de enseñanza superior podrían anunciar nuevos programas de educación de un segundo idioma o la promoción de carreras técnicas que abran esperanzas para las firmas internacionales que están en el país, de que pronto tendrán al personal que tanto necesitan para su expansión.
Empezar a marcar el camino, desde el inicio, con un enfoque distinto y alentador, podría ser el preludio de un 2014 mejor que el año que acaba de concluir.


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