Enviar

Es urgente la necesidad de un Estado fuerte, eficiente y sometido a controles rigurosos, ocupado por personas de alto nivel moral y ético

Urge un Estado eficiente

Llevamos años clamando por una reforma que ponga fin a un Estado anquilosado, gastón, ineficiente y burocrático.
Cuando el mercado nacional estaba altamente protegido, ciertamente, se podían disimular muchos errores. Ahora, Costa Rica está compitiendo con el resto del mundo y tiene que defender el mercado local con productos de alta calidad.
Es algo que demanda una revisión del Estado costarricense para hacerlo, no necesariamente más pequeño, pero sí más fuerte y evitar focos de ineficiencia y corrupción como los que vemos.
En el país se han dado en tiempos recientes elementos de corrupción que tienen a todos muy preocupados, porque se ha hecho notar, como en un divieso reventado, todo el pus que carcome a la sociedad costarricense.
El tema es uno de los principales en el centro del debate de la campaña política, y se refiere a un mal que todos ofrecen extirpar.
En estos momentos aciagos el país necesita unir esfuerzos para poner fin a las prácticas indeseables que atentan contra el tejido social de la República.
El sector público es un gran comprador de bienes y servicios y las prácticas reprobables son tanto responsabilidad de funcionarios oficiales como privados. Para bailar tango se necesitan dos y es repudiable lo que en ambas direcciones observamos.
Se pone en evidencia la necesidad de una reforma del Estado, para hacerlo más fuerte, eficiente y sometido a controles rigurosos y ocuparlo con gente del más alto nivel moral y ético.
Si no creamos esos elementos de confianza, Costa Rica no podrá salir adelante.
Este país requiere y merece productividad que significa tener, entre otras cosas, servicios públicos competitivos a nivel mundial en cuanto a precios y calidad.
Es menester realizar reformas y estimular la sana competencia. Hace unos años el país abrió el sector bancario a pesar de las voces que se alzaron como alegres Casandras para preconizar la quiebra del sistema, algo que no ocurrió. Por el contrario, se hicieron cambios, mejoraron los servicios, aumentó la calidad de la gente y la banca del Estado, ahora reconvertida, sigue vivita y coleando.
Lo mismo podríamos esperar luego de la apertura de los servicios de telecomunicaciones y seguros.
Por décadas el país ha carecido de un plan nacional de desarrollo, pero clamar por la eficiencia del Estado, su modernización y desarrollo, ha sido tan infructuoso como arar en el desierto. Ciertamente, es algo que debe cambiar.
Ver comentarios