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Urge un consenso por la vida


Un tanto relegada por el frenesí típico en Occidente al finalizar el año, la conferencia de la ONU sobre el cambio climático ha buscado fijar un plan de acción mundial para luchar contra el calentamiento global.
La Hoja de Ruta de Bali debería contener las bases de las negociaciones que se desarrollarán entre 2008 y 2009 para establecer un nuevo acuerdo contra el cambio climático que entre en vigor cuando acabe la primera fase del Protocolo de Kioto, en 2012.
Razones para orquestar los esfuerzos contra el cambio climático sobran y se vuelven más sombrías conforme centros de investigaciones científicas informan sobre los efectos de ese cambio sobre la Tierra y la humanidad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) cifró en 150 mil el número de muertos como consecuencia de los efectos del calentamiento global desde mediados de los años 70 y el año 2000.
La Organización Mundial de la Meteorología informó que 2007 ha sido uno de los diez años más calurosos que se conocen y cerrará el decenio con la temperatura media global en superficie más alta que se haya registrado.
Las malas noticias en torno al calentamiento global no han logrado, sin embargo, que las naciones representadas en Bali alcancen un acuerdo básico sobre límites para emisiones de gases de efecto invernadero.
En lugar de un consenso hasta ahora las noticias han apuntado a recriminaciones mutuas.
China y la India atribuyeron la culpa del calentamiento global a Occidente sin hablar de sus propias responsabilidades. Los países en vías de desarrollo consideran que las naciones ricas deben financiar la lucha contra el cambio climático.
La Unión Europea ha ofrecido reducir sus niveles de emisiones de gases contaminantes en un 30% para 2020, si los demás países se comprometen a un esfuerzo igual.
Al Gore, ex vicepresidente estadounidense y Nobel de la Paz, acusó a su país de convertirse en el principal obstáculo para el avance de las conversaciones en Bali y vaticinó que Washington cambiará de postura tras las elecciones de 2008.
Esta es la segunda ocasión en que el gobierno estadounidense tiene la oportunidad de unirse, y hasta liderar los esfuerzos por preservar el ambiente, después de haber rechazado el Protocolo de Kioto.
Es una oportunidad que debe aprovechar, sin esperar a un nuevo inquilino en la Casa Blanca.
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