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Urge disminuir accidentes de tránsito


Cuanto más se acerca el 24 de diciembre más se incrementa el tránsito en la ciudad y también con mayor frecuencia es posible ver esos rostros casi transfigurados, escuchar insultos y, en general, encontrarse de repente con ese ser desbordado por la cólera que es en lo que se transforman muchos costarricenses al sentarse frente al volante del automóvil autobús, taxi o tráiler.
El fenómeno, que evidentemente parece provenir en muchos casos de una alteración de la psique de las personas, ya sea que estén estas libres de alcohol en su sangre o cargándolo, genera innumerables accidentes de tránsito, muertos, heridos y dolor a los protagonistas del suceso y a sus familiares, así como a terceros que resultan igualmente perjudicados sin haber sido los causantes del accidente.
Pareciera que las autoridades han decidido tomar medidas aumentando el control y, sobre todo, contar con una nueva ley de tránsito que ya fue aprobada en comisión.
No obstante, lamentablemente aún deberemos esperar a que el Poder Ejecutivo la envíe para su aprobación en plenario para que realmente se convierta en herramienta utilizable por parte de la Policía de tránsito. En ese sentido hubiera sido importante tener la nueva ley en estos días de incremento en el movimiento en nuestras calles y carreteras.
Sin embargo, aun con nueva legislación al respecto, no se debe perder de vista que su implementación es lo más importante. Costa Rica está llena de leyes que no se cumplen y casi nos hemos acostumbrado a pensar que por aprobada una ley los problemas que atiende ya están solucionados cuando la realidad es otra.
Así las cosas, debería poder contarse al menos con dos actitudes adecuadas, correctas, en torno al grave problema de los accidentes de tránsito. Por un lado, la voluntad política para concluir el debate parlamentario y aprobar en plenario la nueva ley, y por otra parte, la capacitación y actitud adecuadas en las autoridades de tránsito para poner a funcionar correctamente el valioso instrumento.
Mientras tanto, solo un cambio en la actitud de quienes conducen vehículos por la ciudad y las carreteras podría disminuir la tragedia que insiste en enlutar los hogares del país, causar dolor y secuelas que bien podrían evitarse.
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