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“Up in the Air”, acidez que gusta en los Óscar

El realizador canadiense Jason Reitman desvela sus intenciones en “Up in the Air”, una fábula en la que el rostro encantador de George Clooney enhebra una brillante y ácida crónica del desapego inicial castigada por un giro hacia la moraleja conservadora que suena a Óscar.
Cuando Reitman estrenó “Juno” hace dos años, su retrato de un embarazo no deseado en una adolescente que decide seguir con la gestación, había sorteado hábilmente el manifiesto antiabortista hasta convertirse en una película adorable, reflejo de que todas las opciones son respetables y disfrutables.
Efectivamente, los avances en materia de derechos a veces se confunden con la obligatoriedad de acogerse a ellos. No hay que olvidar que las libertades amplían las opciones, no las anulan.
Pero quizá los que entonces vieran en la película con Ellen Page un aroma de conservadurismo “pro-vida” orquestado con música “indie” puedan completar su hipótesis a la vista de “Up in the Air”, que se estrena en España esta semana avalada por numerosos premios de la crítica en Estados Unidos.
Esta nueva película de quien debutara por “Thank you for smoking” (“Gracias por fumar”) se divide claramente en dos partes. La primera es ingeniosa, dinámica, con diálogos punzantes y personajes arquetípicos pero muy bien barnizados. Alta comedia con aroma clásico. Una gozada.
Ryan, engrandecido por el carisma Clooney, es un hombre que presume de itinerante e independiente. Maestro en disciplinas estrambóticas como el paso en el menor tiempo posible por un control de aeropuerto o la optimización del equipaje. Adicto al hotel de cinco estrellas y al pasaje en primera clase.
Se dedica a despedir trabajadores de distintas empresas estadounidenses derrochando estilo, hasta que se enfrenta con Natalie, cándida a la par que agresiva jovencita que, interpretada con lucidez por Anna Kendrick, pone en duda su “modus vivendi” y apuesta por el despido on line.
El tercer vértice es Alex, el equivalente de Ryan pero con un plus de sofisticación: es mujer y tiene la cara de Vera Farmiga. Además, también entiende el sexo a modo de transacción económica.
Con esta composición de lugar, “Up in the Air” vuela, efectivamente, bien alto. Es notablemente ácida e inteligente y tan caricaturesca que la crítica se sobreentiende a la par que es muy divertida.
Pero Reitman decide dar volantazo. Por si quedaban las dudas. Por si alguien entendía la parodia como una apología. Y entonces, el desastre.
“Juno” reinventaba lo tradicional al explicar la lógica interna de ciertos principios habitualmente tachados de conservadores. “Up in the Air” apunta a la redención y la vuelta al patrón social de la mediocridad. Al mejor mal acompañado que solo.
Era de suponer que habría gente a la que regocijaría este mensaje. Pero es francamente deprimente que haya sido tanta.

Madrid
EFE
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