Unión Toyota-Suzuki refleja lucha de automotrices por sobrevivir
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Para Toyota, la revolución tecnológica que está transformando la industria automotriz es una amenaza lo suficientemente seria para su supervivencia como para que el fabricante de autos más valioso del mundo evalúe unir fuerzas con uno de sus rivales japoneses más feroces.

Al contemplar una colaboración entre Toyota y Suzuki, los caciques Akio Toyoda y Osamu Suzuki buscan unir empresas con antecedentes de alianzas fallidas. Los dos pasarían por alto la efímera asociación entre Toyota y Tesla y la amarga separación de Suzuki y Volkswagen ante las sobrecogedoras exigencias financieras de mantenerse a la par de los avances tecnológicos en áreas como la electrificación y la conducción autónoma.

“Toyota no es muy buena creando alianzas” y antes estaba “obsesionada con la necesidad de poder cubrir todas nuestras bases”, dijo Toyoda, de 60 años, en una conferencia de prensa este miércoles en Tokio. “Sin embargo, como el ambiente a nuestro alrededor está cambiando drásticamente, debemos ser capaces de responder a los cambios para sobrevivir”.

Toyoda y Suzuki, de 80 años, dijeron que comenzaron a hablar la semana pasada y que evaluarán lentamente una posible alianza de capital. Aunque no decidieron campos específicos para hacer investigación y desarrollo juntas, queda claro cuál empresa se beneficiaría más en ese aspecto. Toyota, con sede en Toyota City, Japón, presupuestó 1,07 billones de yenes ($10.300 millones) para este año fiscal, más del séptuple del gasto en investigación y desarrollo planeado por Suzuki.

Lo que aporta Suzuki es una posición líder en India. Su división Maruti Suzuki India domina el mercado hace tiempo con autos baratos como el Alto y el Swift. Aunque Toyota presentó modelos económicos como el compacto Etios, su participación de mercado sigue muy atrás del 47% que alcanzó Maruti Suzuki el último año fiscal.

“Hay grandes cambios centrados en la industria automotriz y en ese caso debemos compartir cosas, de lo contrario no lograremos sobrevivir”, dijo Suzuki. “Ese el disparador de la propuesta”.

Las automotrices se están asociando en tanto una industria presionada para reducir la contaminación lucha con grandes escándalos que las propias empresas se infligieron a sí mismas. Tests fraudulentos de economía de combustible realizados por Mitsubishi hace décadas llevaron al fabricante de coches a buscar que Nissan la rescate, y Volkswagen reservó 18 mil millones de euros ($19.900 millones) para cubrir los efectos adversos de equipar sus motores diésel con un software que fraguaba las pruebas de emisiones.

Justo antes que estallara el escándalo por el fraude de Volkswagen, la automotriz alemana se separó de Suzuki tras años de alianza que no rindieron un solo proyecto conjunto. Por su parte, Toyota está a unos dos años de terminar con las ventas del RAV4, un vehículo utilitario deportivo eléctrico desarrollado con Tesla.

“La competencia en investigación y desarrollo es muy, pero muy feroz”, dijo Koji Endo, analista del sector automotor de SBI Securities en Tokio. Suzuki está detrás de sus colegas en cuanto a la electrificación, la conducción autónoma y otros campos, dijo. “Sin asociarse a una automotriz gigante, mantenerse en carrera será un gran desafío para ellos”.


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