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Unión nacional contra el crimen


Dice el refrán que “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Las agencias de cables dan cuenta en estos días de lo que ocurre en México por la violencia y el crimen organizado y de cómo eso ha obligado al oficialismo y la oposición a negociar un plan de acción en medio de la gran indignación popular por el aumento de los asesinatos y secuestros.
Hay pedidos incluso de que el diálogo se produzca sin protagonismos ni egos, como lo dijo Eduardo Bours, gobernador del estado norteño de Sonora, para concebir y llevar a cabo de inmediato un plan integral contra la impunidad y la corrupción entre otros factores que han favorecido que las cosas lleguen al extremo actual.
Si a esto sumamos que ya es Colombia otro espejo que refleja una realidad semejante, y que en el resto del istmo crece la violencia, cuando no las maras, no hay más que decir para saber que en Costa Rica deberían estar dialogando seriamente el oficialismo y las diferentes fuerzas políticas de oposición para evitar que las cosas lleguen a similar extremo en esa misma materia: la violencia y el crimen organizado.
La característica que nos distingue casi siempre de dejar todo para el último momento, no es, de ningún modo, la opción aceptable en este caso.
Resulta impostergable que no solo gobierno y oposición sino las mentes más lúcidas del país y todo aquel que técnicamente tenga algo importante que aportar se unan en una sola voluntad nacional para frenar la creciente criminalidad y sentar las bases de una verdadera solución al problema antes de que genere más tensión, dolor y víctimas.
La escalada de la violencia y la criminalidad en el país es algo que ya no admite el silencio por respuesta. El gobierno debe asumir la responsabilidad que le corresponde y convocar a un bloque unido de voluntades contra la violencia y la criminalidad que debe formarse y actuar hoy para salvar a Costa Rica.
Ante la angustia y el temor de ver al país caminando por la ruta que ha llevado a otras naciones al extremo, los costarricenses estarían, seguramente, dispuestos a apoyar un serio plan nacional contra el crimen organizado, la corrupción que lo propicia, la impunidad y en general, todo lo que mantiene a la población decente y trabajadora en continua situación de amenaza.
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