Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 28 Octubre, 2013

Si el crecimiento es modesto se fija un déficit fiscal más amplio. Pero si aquel es fuerte se pide un déficit menor, pues hay más recursos sanos


Una solución fiscal duradera

Hace diez años cuando el país discutía la reforma fiscal surgida de la comisión de exministros de Hacienda que al final de mi gobierno propusimos, publiqué un artículo con este mismo título. Hoy sigue siendo válido y necesario retomar el tema frente a la “Agenda para un Diálogo Nacional” que ha presentado el ministro de Hacienda don Édgar Ayales.
Es claro que lleva razón, y mucha razón tanto técnica como política, el ministro Ayales al convocar a un diálogo nacional, no solo ante la necesidad de aumentar los ingresos fiscales, sino también de disminuir, racionalizar y hacer más eficiente el gasto; de modificar las reglas del manejo hacendario para alcanzar gobernabilidad en ese campo; de transformar el manejo del endeudamiento y la inversión públicas y de hacer todo lo anterior de manera favorable a la sostenibilidad ambiental y en especial a la adaptación al cambio climático.


Pero hoy, igual que hace diez años, eso no es suficiente. Su insuficiencia la demuestran hechos muy recientes. El crecimiento de los ingresos tributarios iniciado a partir de 2000 con las leyes de simplificación y de eficiencia tributaria, conjuntamente con la gran reducción del gasto realizada antes de 2006, permitieron que en 2007 y 2008 gozáramos de superávit fiscal.
Pero el incremento del gasto corriente a partir de 2007 fue tal, que las remuneraciones del gobierno central pasaron de ser un 5,2% del PIB en 2007 a un 7,3% en 2012, y las transferencias también aumentaron en 2 puntos del PIB al subir del 4,7% al 6,7% lo que nos ha llevado al insostenible déficit actual.
Si ese aumento en el gasto de salarios y transferencias corrientes no se hubiera dado no sería indispensable la “Consolidación Fiscal” que hoy nos ocupa.
Es necesario asegurar que estas acciones no se repitan. Para ello propuse las garantías económicas hace ya 35 años.
Considero que la consolidación fiscal debe buscar estos objetivos: 1-que la solución sea duradera; 2- que los ingresos cubran, gracias a la eficiencia de su uso, gastos e inversiones claves; y 3- establecer una política fiscal que combata los perjuicios de los ciclos económicos. Para ello, se debe limitar el déficit del sector público no financiero y se debe establecer una relación razonable entre ingresos y gastos.
Repito mi propuesta de hace diez años: “un proyecto de Ley para que dicho déficit, incluido el Banco Central, no supere el 1,5% del PIB previsto para cada periodo presupuestario, como regla. Pero, el faltante no podrá superar el 1% del PIB esperado, si se prevé un crecimiento económico de entre 3% y 6% del PIB en el próximo periodo. Y cuando el crecimiento previsto exceda el 6% del PIB, el déficit fiscal no superará el 0,5% del PIB proyectado”.
Es un límite flexible, con una meta razonable y en estrecha relación con el estado de la economía y su crecimiento esperado. Si el crecimiento es modesto se fija un déficit fiscal más amplio. Pero si el crecimiento es fuerte se pide un déficit menor, pues hay más recursos sanos.
Esto crearía una reserva para tener mayor margen de gasto cuando se crece menos, a fin de compensar el efecto negativo de los ciclos. Es el mismo principio que siguen las familias previsoras cuando aprovechan las épocas buenas para ahorrar parte de su ingreso y crear un fondo para enfrentar con tranquilidad las épocas difíciles.

Miguel Ángel Rodríguez