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Martes 16 Diciembre, 2014

Son necesarias acciones concretas para paliar los impactos económicos y sociales graves que tiene el cambio climático


Una página que no debemos pasar

La madrugada del domingo pasado terminó en Lima, dos días tarde y con valiosos alcances, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Al finalizar la jornada se logró aprobar por aclamación el borrador de acuerdo denominado “Llamado de Lima para la Acción Climática”, que deberá ser trabajado en los distintos espacios de negociación y firmado en la COP21 de París. Por vez primera fue aprobado un borrador con los elementos para la negociación.


A su vez, se fortaleció la adaptación en las contribuciones nacionales —que son los programas que los países deben presentar el próximo año— y también los mecanismos de financiamiento, tanto en el documento aprobado como en otras decisiones.
En esta COP, se lanzó por primera vez un segmento de alto nivel que generó el diálogo entre actores estatales y no estatales al final del cual se lanzó el portal NAZCA (Non State Actor Zone into Climate Actions) que busca capturar y catalizar la acción en apoyo del acuerdo de 2015, ayudando a mostrar también las iniciativas individuales y corporativas de todo el mundo.
Algunos consideran que estos logros se quedaron cortos, alegando que “no dejar que lo perfecto sea enemigo de lo bueno” fue una premisa con fuerza suficiente para salir al menos con alcances mesurados de lo que pudo haberse convertido en un punto de inflexión para la humanidad entera.
Siguen siendo necesarias acciones concretas para paliar los impactos económicos y sociales graves que tiene el cambio climático, particularmente para las naciones más vulnerables, que no suelen ser sus principales causantes. Aún queda un largo camino por andar, sin embargo, si no somos capaces de asumir nuestra cuota de responsabilidad individual, no importa qué tanto esté comprometido el concierto de las naciones, las consecuencias nos son comunes mientras todos compartamos el mismo planeta.
La COP no puede convertirse en un retiro espiritual donde anualmente se plantea una serie de compromisos ambientales que no pasen de ser buenas intenciones, poco a poco las responsabilidades deben irse asentando. Mientras ello ocurre, la lucha contra el cambio climático no es una página que debamos pasar, ya que corremos el riesgo de irnos aproximando al final del libro de la historia de la humanidad.
No se vale seguir recitando que seremos carbono neutrales en 2021 mientras el 80% de los vehículos para cinco personas llevan menos de dos pasajeros en hora pico. Nuestras acciones individuales no resuelven automáticamente el problema, pero una consciencia ambiental colectiva sí puede llegar a hacerlo.
El ministro del Ambiente y presidente de la COP20, Manuel Pulgar-Vidal, instó a que el espíritu de Lima se proyecte para el mundo y constituya una fuente de inspiración y confianza para el futuro. Lo cierto es que luego de Lima nadie debería volver a su vida normal, sino llevar consigo el firme propósito de transformar en realidad las hasta ahora utópicas metas que pudieron al menos vislumbrarse tras el intenso trabajo conjunto de los últimos días de la conferencia.

Mariana Rosales Aymerich

Internacionalista con énfasis en comercio internacional