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Martes 5 Enero, 2010

Una oportunidad para volver a soñar

Al bajar el telón de 2009 e iniciar 2010 tenemos una nueva oportunidad para volver a soñar como país, para fortalecer aquello en lo que creemos e ilusionarnos de nuevo de que es posible ser y estar mejor como nación. El balance de 2009 será seguramente cosa del pasado y lo importante, lo realmente bueno será las lecciones aprendidas, las experiencias que nos dejó esta primera década del siglo XXI. Como decía el poema de Joan Manuel Serrat, es imposible reencontrarse con el pasado, la huella en la arena que jamás volveremos a pisar. Seguramente, el pasado será vital para construir nuestro futuro, pero el camino lo construimos de presente y de sueños, no de añoranzas. Por eso debemos enfrentar el nuevo año como una oportunidad para volver a soñar como país. Algunos vagones del tren se han descarrilado y debemos ser capaces de volver a ponerlos en las vías correctas.
Enero será un mes de discusión y debate, febrero será un mes de decisiones, a partir de entonces el país debe seguir su rumbo con ilusión y esperanza. No son pocos los problemas que enfrentamos como nación, un deterioro sustantivo de la cohesión social producto de la cada vez más desigual distribución del ingreso, mayor desempleo y pobreza que se han agudizado en 2009, la creciente ola de inseguridad y de violencia, así como, un deterioro de nuestras instituciones, que cada vez parecen más lejanas al ciudadano y más débiles, para enfrentar los retos para los que fueron creadas.
Adicionalmente, enfrentamos nuevos retos de una sociedad del aprendizaje y el conocimiento que se contraponen con un deterioro sustantivo de nuestra educación pública en todos los niveles, así como la necesidad de aumentar nuestro compromiso con el ambiente, la ciencia y la tecnología e innovación que se vuelven cada vez más apremiantes, ante un Estado deficitario y debilitado en lo fiscal.
En medio de este panorama debe estar el compromiso social como país de atender a los sectores más vulnerables, niñez y adolescencia y adultos mayores, cuya condición se vuelve más difícil ante una sociedad cuyos valores son cada día más individualistas. A todo lo anterior, debe sumarse la necesidad de recuperar la ética y la transparencia en la función pública que van de la mano con el fortalecimiento de nuestro sistema democrático y el desarrollo de una nueva ciudadanía más activa y comprometida.
Menuda tarea les corresponde a las nuevas autoridades del gobierno y a quienes, Dios mediante, tendremos la dicha de vivir en esta segunda década del siglo XXI. Contamos con grandes apoyos de nuestro pasado y con una generación de jóvenes que deben asumir su compromiso con este país. El 2009 ha dejado huella no solo por las consecuencias de la crisis económica, la llegada al poder de un presidente negro en Estados Unidos o por la muerte de un gran ser humano, como lo fue el presidente Rodrigo Carazo; recordaremos también la dolorosa descalificación de la selección nacional, el papel tan importante realizado por la sub-20 en Egipto o el inicio de la construcción de nuestro nuevo Estadio Nacional. La valentía de un pueblo para levantarse después del terremoto de Cinchona nos dicen mucho de lo valioso de nuestra gente, como el olvido de la corrupción desatada en el Aeropuerto o la Comisión de Emergencias nos dicen del deterioro de nuestro Estado y nuestras instituciones públicas. Podríamos seguir en el recuento del claro-oscuro de 2009, pero es mejor soñar con el nuevo año, apostar por que nuestro sistema democrático sabrá salir fortalecido con la elección de febrero y que el país sabrá enrumbar el tren del desarrollo por los derroteros correctos. Que 2010 sea una oportunidad para volver a soñar como país.

Leiner Vargas Alfaro
Economista UNA
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