Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

Enviar
Lunes 26 Septiembre, 2016

El problema es la falta de planificación y elaboración de proyectos y esto no lo resuelve que el ICE pueda construir obra vial
Disyuntivas

Una obra colosal y un non sequitur

La Planta Hidroeléctrica Reventazón confirma la capacidad del ICE para planear, diseñar, construir y operar obras de generación eléctrica: es la central más grande de generación eléctrica en América Central. El ICE ha sido también exitoso con plantas eólicas y geotérmicas. Y en todos estos casos, cada vez es más ejemplar la tarea de esta institución por su manejo de los temas ambientales.

Incluso para legos en temas de ingeniería como yo, es un bello e impresionante espectáculo admirar la represa, el lago de reservas de agua, los túneles y la casa de máquinas. Y da un sano orgullo nacional saber que todo ha sido producto del ingenio, la capacidad y el trabajo de costarricenses. Claro que es de felicitar al ICE y a sus funcionarios por esta nueva y gran contribución para Costa Rica.
A este nuevo éxito del ICE estoy seguro que lo seguirán muchos más, incluso El Diquís en la Zona Sur que lo duplicará en tamaño.
Gracias a los aportes de esta institución y a la generación limpia de generadores privados, en los últimos años hemos vuelto a las condiciones de inicio de siglo y generamos un 99% de la electricidad de fuentes renovables sin utilizar combustibles fósiles.
Pero nada de ello justifica convertir el ICE en un ente público constructor de obra pública.
En primer lugar hacerlo no resuelve nuestros problemas de atraso en infraestructura vial, portuaria y aeroportuaria.
El atraso que vivimos no se debe a la incapacidad de construir. Si tuviéramos proyectos listos con la planificación requerida y los estudios necesarios, podríamos licitarlos y hay compañías nacionales con experiencia exitosa en este tipo de construcciones en Centro América, el Caribe y Colombia que podrían de inmediato acometerlas…y claro hay empresas internacionales también listas para hacerlo.
El problema es la falta de planificación y elaboración de proyectos y esto no lo resuelve que el ICE pueda construir obra vial.
Hay un viejo dicho que todos conocemos: Zapatero a tus zapatos. Y si ese dicho es apropiado para los privados que pueden hacer todo lo que la ley no les prohíba, más lo es para los entes públicos que solo pueden hacer lo que expresamente se les ha encomendado.
El peligro de ampliar el marco de acción del ICE de una manera tan grande es que uno sabe dónde comienza pero no tiene idea de cómo puede acabar.
Talvez el mayor riesgo es que el ICE pierda su enfoque en generación y distribución eléctrica, campo en el cual no se les han abierto las puertas para una verdadera y amplia participación a los generadores privados. Ello podría ser un costo muy alto para los hogares y las empresas costarricenses dependientes del ICE para su electricidad.
Por otra parte vale la pena recordar las buenas intenciones de la creación del estado empresario con CODESA en los setentas y los desastrosos resultados que se obtuvieron, y que contribuyeron a empobrecer a una buena parte de los costarricenses.
CODESA generó un 18% de la gran inflación acumulada de 1976 a 1991; todas sus empresas (los elefantes blancos) perdieron; consumió durante su vigencia entre un 12% y un 20% del crédito bancario; costó a cada costarricense el equivalente a 405 mil colones de hoy. Su pérdida total fue de $267 millones (alrededor del 7% del PIB de 1979). Gracias a la situación geopolítica de Centro América en los años 80, AID por medio de FINTRA asumió $148 millones. ¿Quién nos ayudaría hoy a soportar pérdidas de una aventura de estado empresario?