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Viernes 11 Marzo, 2011


Extractos de su discurso en el Foro Internacional Alianza Latinoamericana por la Paz en Oriente Medio

Una nueva generación de demócratas

El hecho de que la “primavera democrática” en países como Túnez y Egipto se haya topado con la “helada democrática” entre Israel y Palestina, nos obliga en esta ocasión a hacer una doble reflexión: qué significado tienen para el proceso de democratización las revoluciones civiles de las últimas semanas, y qué impacto pueden tener en el viejo conflicto entre Palestina e Israel. Permítanme empezar por los hechos más recientes. Por la caída de la dictadura de Ben Ali en Túnez y de Mubárak en Egipto, por las demandas masivas de reformas políticas en Bahréin, Yemen y Jordania, y por la condenable violencia que el sempiterno coronel Gadaffi ha desatado contra sus propios hermanos en Libia, entre otras muestras multitudinarias de apoyo a la democracia en Asia y en África.
Tal vez la paciencia rindió sus frutos, y fue mejor esperar a que los pueblos árabes despertaran. La historia, incluso la más reciente, da cuenta de lo desastroso que pueden resultar algunos intentos por imponer la democracia a la fuerza. Afortunadamente, lo que estamos presenciando actualmente, con luces y sombras, son revoluciones hechas con las herramientas mismas de la democracia y de la paz: con libertad de expresión, con libertad de prensa, con libertad de asociación y con educación. La existencia de un medio de comunicación masivo y libre como Al-Jazeera ha hecho mucho más por la democracia y por la libertad en Oriente Medio, que el apoteósico despliegue militar de los Estados Unidos en Irak.
Una nueva generación de demócratas ha despertado, compuesta por jóvenes con suficiente información y medios tecnológicos para organizarse y exigir cuentas a los autócratas que no ponen sus aspiraciones en el centro de sus preocupaciones. Será mediante la organización política y civil de esa nueva generación de demócratas, y no mediante el mantenimiento de regímenes autoritarios, que la región alcanzará la seguridad y la estabilidad política que tanto ha anhelado.
Ahora bien, construir una democracia no será una tarea fácil. En América Latina, por ejemplo, una generación ha pasado desde nuestra primavera democrática, y lo cierto es que la mitad de nuestras conversaciones políticas continúan siendo sobre las carencias —aún muy serias— de nuestras democracias.
Hace 24 años, cuando los presidentes de Centroamérica procurábamos alcanzar un acuerdo de paz que pusiera fin a la guerra civil que azotaba la región, resolví seguir el ejemplo de Franklin Delano Roosevelt y encerrar a mis colegas presidentes en la habitación de un hotel, en la capital guatemalteca, hasta que firmáramos el Plan de Paz que había propuesto para acabar con la guerra en el istmo. Solo cerrando la puerta trasera, la de la fácil salida hacia la guerra, logramos atravesar el umbral de la paz que se nos fue develando. Por el contrario, Israel y Palestina han retrocedido demasiadas veces por esa puerta trasera.
Ahora bien, aun cuando la Hoja de Ruta es nuestra apuesta, creo que es hora de reconocer que está mortalmente falseada. Es una guía sin destino. Por ello, considero que todo el proceso de la Hoja de Ruta debe invertirse, que se debe empezar por el final. Las partes deben estar comprometidas con el destino último, o de lo contrario seguiremos dando vueltas sin sentido de orientación.
Queremos decirles a los pueblos de Oriente Medio que la paz es posible, incluso si se requieren mil intentos fallidos por uno que funciona. La paz debe ser hoy nuestro dogma en la “primavera democrática” que comienza a colorear de libertad el Oriente Medio. Debe ser también nuestro argumento inquebrantable para que el hielo que hoy congela las negociaciones entre Israel y Palestina se derrita, y dé lugar al nacimiento de nuevos brotes de optimismo y esperanza. Solo así, podremos aprovechar la maravillosa oportunidad que nos brinda la historia de hacer posible en Oriente Medio no una, sino dos “primaveras democráticas”.

Oscar Arias Sánchez
Ex Presidente de la República