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El país está atrapado en un círculo vicioso donde el mayor interés del poder político pareciera ser terminar el periodo que le corresponde y trabajar electoralmente para el que sigue

Una historia conocida

La mala infraestructura vial y portuaria, la gran cantidad de trámites, lo difícil que resulta en el país arrancar un negocio desde cero y la creciente inseguridad ciudadana es una historia conocida, cuyo final no termina de ser feliz para los costarricenses.
El último reporte publicado del Foro Económico Mundial vino a confirmar, con un certero golpe a nuestro ego, que nos generó una caída de cinco puestos en el ranking mundial, que Costa Rica arrastra serios problemas que limitan su competitividad global.
Los empresarios ya han venido recalcando durante muchos años sus necesidades, los ciudadanos lo han sentido en carne propia cada vez que caen en un hueco en la calle o al verse atrapados en una presa, y los medios de comunicación nos hemos encargado de advertir hasta la saciedad, las devastadoras consecuencias que puede traer la inacción gubernamental.
Es una historia repetida. La sufrió el país en la llamada década perdida de los años 80 pero hoy, que el contexto mundial es de gran incertidumbre y de cambios trascendentes, los costarricenses no quieren caer de nuevo en ese hoyo y heredar solo problemas a sus hijos y nietos.
Por eso, es inaceptable que conociendo el problema, estando los políticos advertidos de las consecuencias y teniendo en sus manos el poder para cambiar el rumbo, el país esté atrapado en un círculo vicioso donde el mayor interés pareciera ser, primero que todo, terminar vivo el periodo de poder que corresponde y de paso trabajar electoralmente para el que sigue.
Lo alertado en esta ocasión, de nuevo, por el Foro Económico Mundial, es una realidad que se repite no solo en Costa Rica. Tenemos grandes semejanzas con lo que ocurre en el resto de la región, por ejemplo en materia de inseguridad, violencia y crimen.
Los problemas de burocracia e inseguridad jurídica no son distintos a los del resto de la región. Allá son fluctuaciones políticas que llevan a los países de un lado al otro en el péndulo ideológico, y aquí es la gran indecisión que existe cada cuatro años con grandes proyectos país que con un gobierno reciben el empuje gubernamental y al siguiente enfrentan el veto. A final el resultado es el mismo: incertidumbre para el inversionista.
Por eso, el llamado de atención no debe ser visto como una advertencia más, como un renglón repetido de la historia. Debe ser visto más bien como una oportunidad para que primero como país fijemos de una vez por todas el rumbo a seguir en proyectos claves, y como Estado buscar los puntos en común con el resto de la región para trabajar juntos en soluciones sostenibles.
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