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Los estudiantes deberían tener maestros capaces de despertarles el interés y el deseo de estudiar y poner en práctica luego alguna rama de las ciencias exactas

Una desconexión que afecta al país

Desconectados. Así es como lucen en Cosa Rica el sistema educativo y la oferta del mercado laboral.
Las universidades parecieran cada vez más perdidas en la capacidad de analizar cuáles son las necesidades de profesionales que tiene el país y mostrárselas al estudiantado de modo que esto contribuya a despertar vocaciones.
Los alumnos se inclinan bastante por carreras como derecho, psicología, periodismo y otras que luego no encuentran suficiente cabida en la oferta de trabajo.
Mientras tanto, otras disciplinas como las ingenierías y áreas técnicas no cuentan con suficientes graduados que podrían encontrar empleo con facilidad, ya que hay empresas en una verdadera lucha por atraer ese tipo de personal que necesitan.
Esta es la realidad. Es lo que ocurre. Lo que no se vislumbra es una estrategia para cambiar esa situación y armonizar la formación con el panorama laboral.
Quizás para que un estudiante llegue a la universidad ansioso por comenzar una carrera para las llamadas ciencias exactas, ya sea como profesional o como técnico, debería pasar antes por un sistema educativo capaz de despertar en él el interés por estas especialidades.
Siempre se ha dicho que no se puede desear lo que no se conoce. Si esto es así, un estudiante desde la escuela o el mismo preescolar, debería tener maestros capaces de despertar en ellos el deseo de conocer el amplísimo abanico de opciones que el mundo de hoy ofrece para estudiar y poner en práctica luego alguna rama de las ciencias exactas.
A pesar de esto, siempre habría vocaciones que inclinen a una parte del estudiantado hacia las ciencias sociales, también necesarias, pero sin duda podría crecer el número de los que se apasionan por las ingenierías u otras profesiones.
En el mundo cambiante de hoy, con los gigantescos avances de la ciencia y la tecnología, estas áreas significan un fascinante universo por el que se deberían sentir fuertemente atraídos muchos estudiantes si sus profesores fueran capaces de despertar este interés.
Por otra parte, a la hora del ingreso a la universidad, debería existir una adecuada y justa valoración que defina quiénes están más capacitados para qué. Esto completaría el apoyo para que cada estudiante se encuentre realmente dentro de una carrera capaz de entusiasmarlo, donde a la vez pueda desarrollarse sin problemas.
El resultado podría ser un sistema educativo hábil en despertar vocaciones en todas las áreas, mejorando el desequilibrio actual que inclina hacia las ciencias sociales y por lo tanto logrando una mayor conexión entre lo que se obtiene en los centros de estudio y las ofertas laborales del mercado.
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