Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 18 Abril, 2016

Desapareció la oprobiosa designación de hijo de padre desconocido y se redujeron a menos de una cuarta parte las inscripciones ahora denominadas de padre no declarado

Una bellísima quinceañera

Disyuntivas


Este 16 de abril cumplió años. Pero su gestación fue mucho mayor a nueve meses. Fue más bien de 14 años.
Se empezó a formar un día cargado de ilusiones, con la mirada puesta en el futuro, en hacer el bien, en medio de la algarabía de muchas personas llenas de pasión que sabían que la construcción de sus sueños demandaría luchas y sacrificios.


Fue en 1987 en la presentación de mi precandidatura en el PUSC para la elección presidencial de 1990.
Aquel día en el Salón Kamakiri, al solicitar el apoyo a mis copartidarios, recordé el dolor que causaba a tantas familias la falta del padre que abandona a su hijo. Reclamé que la gran mayoría de los hogares en esas condiciones se ubicaba entre las familias pobres. Denuncié el problema del machismo y sus costos para las mujeres. Lamenté la falta que hace el rol del padre en la crianza y formación de los hijos. Compartí mi consternación por las angustias de la madre que en su rancho hace lo imposible por alimentar a sus hijos sin ninguna ayuda.
Muchos amigos me conminaron a eliminar ese tema. Era un tema muy espinoso, me dijeron, que asustaba a los votantes masculinos, a quienes no se les debía predicar ni exigir responsabilidades en esta materia.
Pero había visto el sufrimiento de madres e hijos abandonados por los padres. Lorena había practicado su voluntariado en Los Hogarcitos creados para dar una acogida más humana y menos institucional a los niños declarados en abandono, y vivía los dolores de estos pequeños. Y además el problema de la irresponsabilidad masculina por los hijos iba en aumento.
Anuncié mi decisión de enfrentar ese problema. Que no era fácil.
Luego, las campañas políticas, el ejercicio de la diputación y sobre todo la íntima relación trabada por Lorena con mujeres en las más diversas condiciones a lo largo de todo el país, y su involucramiento en los temas de mujer y de niñez abandonada, confirmaron nuestro propósito.
En la campaña de 1998 propusimos una intervención subsidiaria del Estado para garantizar la pensión a cargo del padre en favor de madres e hijos, y que el Estado adquiriera los derechos para recuperar su importe con un trámite expedito en los tribunales.
Ese proyecto no logró apoyo legislativo, pero Lorena hizo de este problema parte de las prioridades del trabajo que desarrolló como Primera Dama. Volvimos nuevamente a la carga, creando una comisión especial para proponer una solución, con el apoyo de universidades públicas, organizaciones del voluntariado, tribunales de familia y especialistas en la materia. Esa comisión logró formular una propuesta muy superior a la que se había planteado en campaña, y el 3 de agosto del 2000 enviamos a la Asamblea Legislativa el proyecto de Ley de Paternidad Responsable, que muy pronto entró en vigencia el 16 de abril de 2001.
Se creó y puso a operar el Laboratorio de ADN de la CCSS para que los padres que no aceptaran la paternidad que al declarar el nacimiento les imputara la madre, la pudiesen impugnar.
Las madres empezaron a declarar quién era el padre. Desapareció la oprobiosa designación de hijo de padre desconocido y se redujeron a menos de una cuarta parte las inscripciones ahora denominadas de padre no declarado. Y miles y miles de padres empezaron a tomar consciencia y ejercer su paternidad dando apoyo y cariño a sus hijos.

Miguel Ángel Rodríguez