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Jueves, 13 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Una alarma que suena en vano

| Miércoles 17 junio, 2015



Al excesivo gasto del Gobierno y del Estado se suma la mala administración. Pongamos remedio a esto o nos costará demasiado caro a todos

Una alarma que suena en vano

La alarma principal que suena constante en los últimos años, nacional e internacionalmente, es que el Gobierno de Costa Rica gasta más de lo que recauda.
El Gobierno de Laura Chinchilla tuvo incluso que endeudar en mayor medida al país para honrar los compromisos por deuda externa. Y por el momento, así seguimos.
El problema es que a pesar de décadas de alarma encendida, los gobiernos no tomaron las medidas que verdaderamente podrían haber puesto las finanzas del país en situación normal.
Solo se pueden equilibrar las finanzas públicas logrando que lo que se gaste no sea más de lo que se recaude.
Esto se logra bajando el gasto público en aquello que más lo hace crecer, es decir, los altos salarios de los funcionarios del sector, que aumentan en forma automática y descontrolada, y además, cobrando mejor los tributos y combatiendo la evasión y el contrabando.
Sin embargo, ni siquiera sube notoriamente la calidad de la administración para hacer que los actuales recursos, materiales y humanos, comiencen a brindar a la población los servicios que necesita en el tiempo en que los requiere.
Así, para mejorar servicios se suele proponer aumento de colaboradores en vez de traslados horizontales y efectivas supervisiones.
De continuar este círculo vicioso, iniciado hace décadas, le tocará a este Gobierno probablemente caer en la grave situación en que han caído otros países, en Europa, por ejemplo.
Las medidas para recortar el gasto del Gobierno deben tomarse y no basta con un poco de ahorro por aquí y otro poco por allá. Hay que entrar de lleno al control del aumento de salarios y otros privilegios así como a recaudar más ingresos tributarios.
Para ello, se debería prever una adecuada estrategia que permita al país seguir funcionando y produciendo sin problemas en caso de fuertes oposiciones, huelgas y otras medidas de quienes protegen los privilegios mencionados, entre otros.
Seguir como estamos es continuar con los errores cometidos por las administraciones anteriores, que nos han llevado al estado actual de déficit fiscal.
El principal problema, sin embargo, los salarios y pensiones de lujo del sector público, no se ha frenado. Eso mantiene sonando alto la alarma, pero el aviso no se atiende.
A ello debe agregarse el problema de que en algunas instituciones hay exceso de personal administrativo, en detrimento de profesionales técnicos en diversas materias como, por ejemplo, el triste caso de la CCSS.
Es decir, al excesivo gasto del Gobierno y del Estado se suma la mala administración. Pongamos remedio a esto o nos costará demasiado caro a todos.