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Miércoles, 22 de enero de 2020



COLUMNISTAS


Una oportunidad malgastada

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 23 diciembre, 2019


La reunión en Madrid fue un fiasco.

Ya en la reunión preparatoria a la COP25 efectuada en nuestro país, resultaba claro que los dos grandes objetivos de esta Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático eran:

Primero, preparar compromisos de control de emisiones de todas las naciones con mayor calado que los de París, para ser adaptados en 2020 en Glasgow adonde se celebrará la COP26, y

Segundo, acordar las reglas para la aplicación del Artículo 6 del Acuerdo de París a fin de regular el mercado de carbono y otras formas de cooperación internacional, que determinarían la escala y los incentivos para alcanzar una mitigación ambiciosa.

Ninguno de esos objetivos fue alcanzado.

A pesar de que la Conferencia de las Partes (COP) fuera jalada del pelo para que extendiera sus sesiones dos días adicionales, solo se logró dejar abierta alguna esperanza sobre esos temas cruciales.

El amplio consenso entre científicos sobre la magnitud del calentamiento que nuestro planeta viene experimentando y sobre los resultados que se darán de continuar la tendencia actual de las contaminaciones, es fuerte y aterrador. Ese acuerdo llama a la acción ya, pues urge limitar el calentamiento, y no a los 2 grados centígrados por encima de su nivel antes de la Revolución Industrial fijados como máximo en París, sino a 1,5.

Los compromisos de los países que hasta la fecha se ha dado, están muy por debajo de los requeridos para llegar al limite parisino de los 2 grados, ni qué decir del requerido máximo de 1,5. La COP 25 recibió del Programa Ambiental de NNUU el Informe de Brecha de Emisiones que señala que el objetivo de limitar el crecimiento del calentamiento a 1,5 grados se esta escapando de las posibilidades, y que aun cumpliendo los países con los compromisos nacionales en el marco del Acuerdo de París (NDCs) “las emisiones en 2030 serían un 38% mayores a lo que se requeriría para alcanzar ese objetivo”

Esa es la realidad, pero los mayores contaminadores trataron de impedir todo compromiso serio de mejorar sus compromisos para la COP 26 del próximo año, a pesar del impacto de destructivos fenómenos de la naturaleza que ya se dan en todos los continentes.

Este año se han dado grandes movilizaciones populares en favor de “acciones ya” para mitigar el calentamiento de la tierra. Esas movilizaciones han contado con muy significativa participación de los jóvenes, que son quienes más arriesgan con el calentamiento global. Pero esto tampoco ha sido suficiente para mover a esas naciones a actuar.

Ni los castigos de la naturaleza, ni los conocimientos y previsiones de los científicos, ni las multitudes en La Gran Vía en Madrid conmovieron a los representantes de las naciones mas contaminadoras a declarar su intención de preparar para el año entrante compromisos más acordes con el imperativo de mitigar el calentamiento global.

Tampoco fueron capaces esas determinantes circunstancias de permitir que se cumpliera con el objetivo de regular el artículo 6 del acuerdo de París que se refiere a las cooperaciones entre países para cumplir con las metas de mitigación, con la forma de medir esas acciones y con el uso de mecanismos de mercado y otros para llegar a cumplir con los compromisos

Frente al fracaso que representaría para el mundo que terminara esa Conferencia de Chile y Madrid sin ningún acuerdo sustancial y con una regulación perjudicial, un grupo de países se rebeló contra la tentativa de resolución preparada por la Presidencia, que favorecía una conclusión muy poco ambiciosa respecto al compromiso de presentar adecuados compromisos nacionales de mitigación (NDCs) y la adopción de una regulación del artículo 6 llena de lagunas. Para orgullo nuestro, Costa Rica jugó un papel muy significativo en este movimiento que logró extender por dos días adicionales la reunión, y dejar al menos abierta una esperanza para que se pueda llegar a acuerdos adecuados el año entrante en la COP26.

Para ello Costa Rica lideró un grupo que ya llega a 55 países incluyendo a los de la Unión Europea excepto Polonia, a Nueva Zelandia y a numerosos países en desarrollo, que propulsaron una regulación del Artículo 6 al amparo de los Principios de San José, y enfrentaron a los países opuestos a mejorar sus compromisos y que buscaron una mala regulación.

El periódico inglés The Guardian el 15 de diciembre pasado se refirió a ese grupo: “El Ministro de Medio Ambiente y Energía de Costa Rica, Carlos Manuel Rodríguez, señaló a Australia, Brasil y Estados Unidos por bloquear el progreso. El grupo indicó los pasos necesarios para mantener abierta la posibilidad de limitar el calentamiento global industrial lo más cerca posible a 1.5C, una meta acordada en París hace cuatro años”

Gracias a esas acciones la resolución final: “re-enfatiza con seria preocupación la necesidad urgente de atender la gran brecha” entre los compromisos actuales y los objetivos de limitar el calentamiento a 1,5 grados o al menos a un nivel significativamente menor a los 2 grados.

Respecto al artículo 6 se logró al menos evitar una regulación perniciosa y llena de lagunas y se dejó la resolución para la COP26. Un no acuerdo es mejor que un mal acuerdo.

Esta es otra ocasión en la que debemos estar orgullosos de lo que nuestro país puede cumplir gracias a la excelencia profesional de nuestros representantes.

Pero es también un aviso: las medidas globales de mitigación pueden ser muy insuficientes. Incluso actualmente incluyen recuperación de carbono de la atmosfera, sin contar con nueva tecnología para hacerlo y sin establecer los incentivos para poder utilizar los bosques y otros mecanismos que la naturaleza ofrece.

Nunca antes ha sido tan grande y evidente la brecha entre las aspiraciones científicas y de la sociedad civil, y lo que los negociadores de los grandes contaminadores están dispuestos a acordar.

Si ese va a ser el caso, dada nuestra pequeñez ante el problema de la contaminación, deberíamos centrar nuestros esfuerzos al interior del país en adaptarnos a un entorno climático muy adverso, más que a la descarbonización.

Si la humanidad escoge un mal camino, debemos priorizar nuestras acciones y el uso de los recursos escasos, y en primer lugar minimizar los efectos perjudiciales del calentamiento.



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