Carlos Denton

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Miércoles 26 Noviembre, 2008

Una línea en la arena

Carlos Denton

Alexander Haig, secretario de Estado de los Estados Unidos, dijo en 1981 que él pretendía “trazar una línea en la arena en El Salvador” y que no permitiría que “la Unión Soviética y sus aliados” la pasaran. Aceptó que Nicaragua había caído “en manos de nuestros enemigos,” pero argumentó que esto había ocurrido cuando él y Ronald Reagan no estaban en el poder. Con base en las declaraciones de Haig, se formuló una política estadounidense para suprimir a las fuerzas insurgentes del Frente Farabundo Marti de Liberación Nacional (FMLN), que incluyó asistencia masiva militar, humanitaria y de asistencia en la creación de una estructura institucional democrática.
Fue exitosa la estrategia creada por Haig a tal punto que el FMLN dejó las armas en 1992, y se reorganizó como partido político que ha participado con resultados positivos en varias elecciones para diputado y para legislador. Nunca ha logrado capturar la presidencia del país, pero en 2009 tiene posibilidad de hacerlo con la candidatura del periodista Mauricio Funes.
La línea en la arena ya se ha borrado —la Guerra Fría terminó hace casi 20 años. Entonces, si ganan Funes y el FMLN en las elecciones de marzo de 2009, ¿qué deberían pensar el presidente Barack Obama y su administración? Posiblemente tendrá a Hillary Clinton ocupando el puesto que en la época de la Guerra Fría fue de Haig —¿cuál debería ser la reacción de ellos?
Cuando los gobiernos estadounidenses piensan en Centroamérica, y no es común que lo hagan, una de sus preocupaciones principales es la de la migración. Y allí está el meollo del asunto con El Salvador. El problema más grande de la sociedad salvadoreña es que una proporción importante de su población no logra encontrar una manera de sobrevivir dentro de sus fronteras y se ve obligada a emigrar—el punto preferido para donde irse es Estados Unidos. Si Funes no logra dar confianza al sector empresarial para que invierta, podría aumentar la emigración hacia Norteamérica, que no es algo que quiere Obama. El salvadoreño ha prometido, si es elegido, mantener a su país en el CAFTA, dejar el dólar como la moneda en curso, preservar bajos los aranceles o eliminarlos y fomentar la inversión extranjera. ¿Son creíbles estas promesas de un candidato del FMLN? El afirma que sí y lo que ofrece al votante es “cambio,” un tema bien conocido por Barack Obama. Los adversarios de él, del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), dicen que hay que tenerle miedo a Funes y que el cambio que ofrece es negativo para el futuro.
Es importante señalar, no obstante, que el arenero Rodrigo Avila, ex ministro de Seguridad Pública en dos gobiernos, candidato presidencial y adversario principal de Funes en la contienda de 2009, no es muy creíble entre votantes e inversionistas por más que quiere ser “el presidente del empleo.” Tiene ARENA 20 años de estar ocupando el Poder Ejecutivo y durante ese tiempo el río de emigrantes que buscan su porvenir en el exterior no ha mermado.
No se sabe aún quien va a ganar en las elecciones, pero sea quien sea, como primer paso tiene que ir a Washington a rogarle al gobierno de Obama que no deporte a los más de 1 millón de salvadoreños ilegales en Estados Unidos. ¿A cuál creerá más entre Funes y Avila el nuevo presidente estadounidense? La línea en la arena de la Guerra fría está borrada, pero no así la línea fronteriza casi militarizada en el Río Bravo.

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